• Caracas (Venezuela)

Oscar Hernández Bernalette

Al instante

Lula, ¿entonces?

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Me confieso entre los preocupados por la suerte de esta investigación por  la supuesta participación del ex presidente Lula en una trama corrupta con la petrolera estatal Petrobras, tráfico de influencias, lavado de activos y enriquecimiento ilícito por recibir sobornos de varias constructoras.

Las posibilidades de que sea acusado y sentenciado parecieran más certeras de ser efectiva la oferta de la presidente Dilma Rousseff para que  asuma uno de sus ministerios, a fin de evitar que sea enviado a prisión.

Sería realmente lamentable que este expediente sea cierto. No solo por las implicaciones para un hombre que siempre consideramos honesto, sino que se suma a esta mala suerte de ecuación trágica que tenemos en esta región, que nos acostumbra a ver a la mayoría de sus líderes quienes, después de alcanzando el poder, la mayoría de las veces por sus discursos contra la corrupción, tarde o temprano terminan llenándose los bolsillos o resolviéndole la vida a sus amigos o familiares.

Por supuesto, en la cumbre de esta tragedia latinoamericana estamos los venezolanos de estos tiempos. Cuánto dinero de muchos se roban unos pocos. Qué obsesión por meterles las manos a las arcas de la nación. Qué ganas de generar riqueza sin trabajarla, a costilla de los más humildes y los más necesitados, quienes son los más afectados por las corruptelas.

En el caso de Lula, me pregunto qué necesidad podría tener para tirar por la borda el legado de tan estupendo paso por la presidencia de su país. Para qué formar parte de una red de corrupción si ha sido uno de los presidentes más exitosos del mundo en desarrollo y más apreciado por su sencillez y humildad. Ese es un hombre que desde el momento en que dejó la presidencia se había ganado la admiración hasta de sus adversarios y aseguró un sitial en la historia.

Muchos presidentes se solidarizaron con Lula. Una cosa es la solidaridad personal pero pronunciarse públicamente como jefes de Estado deja mucho que desear. La justicia dirá. Mientras tanto, “cosas veredes”.