• Caracas (Venezuela)

Oscar Hernández Bernalette

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Diplomacia sin diplomáticos

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Es como un hospital sin médicos. Allí esta la armazón venezolana; la Casa Amarilla, la torre del MRE y las embajadas, misiones y consulados. Pero no están los diplomáticos profesionales que se preparan en el tiempo como las arañas para hacer las redes y los vasos comunicantes que permeen el respeto, la compresión y la cooperación de la comunidad internacional. La mayoría de nuestros acreditados están aprendiendo en el camino. No hay embajadores que enseñen a sus subalternos. Nunca hicieron carrera. Algunos después de 17 años de gobierno hablan de su carrera diplomática pero obvian contarles a sus colegas extranjeros que siempre fueron embajadores políticos.

En estos tiempos vivimos una diplomacia del conflicto, del insulto y de la protesta. La relación con las joyas de nuestro haber histórico está en franco deterioro. En Naciones Unidas somos de los pocos países que no hemos pagado las cuotas y tenemos exceso de funcionarios para nuestra dimensión y actuación. Colombia, Guyana y Estados Unidos, donde debería estar nuestra más preciada “inversión” internacional, son centro de crisis.

El primero, un socio fundamental. En un momento de dificultades económicas debería ser parte de la solución a nuestra situación y no supuestamente el culpable. La frontera más viva es con ellos y nos damos el lujo de cerrarla. La nacionalidad que más convive entre nosotros es la de ellos, y sus problemas deberíamos combatirlos conjuntamente.

Con Guyana no solo tenemos una disputa, sino un deber moral por reconocer que en la injusticia de la historia ambas naciones somos víctimas y debemos buscar una solución de beneficio mutuo y en la cual prospere una negociación que permita dejar de lado la pérdida de oportunidades que ha significado la prolongación de la diferencia territorial.

Estados Unidos es nuestro principal socio comercial y más seguro comprador de petróleo; es el país en donde más venezolanos habitan fuera de nuestras fronteras. La política exterior de Estados Unidos evoluciona, un buen ejemplo son las relaciones con Cuba. Nos empeñamos en acusarlo como el culpable de todos nuestros desaciertos.