• Caracas (Venezuela)

Oscar Hernández Bernalette

Al instante

Difficilis

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Cada día es más difícil entender qué le pasa por la cabeza al señor Maduro. No deduce el reto que tiene ante sí y mucho menos reconoce sus limitaciones. Simplemente se empeña en actuar como un quintacolumna de una causa perdida sin entender los mensajes que a diario recibe del pueblo que dice defender, de muchos de sus partidarios y de la comunidad internacional.

En estas mismas páginas algunos columnistas han advertido que el personaje sabe lo que hace y cumple lo que dice. Coincido por el contario con la mayoría que piensa que es un gran inconsciente no solo con el país, sino consigo mismo. Difícil deducir por qué Chávez lo designó su sucesor. Qué vio en un personaje que se atornilló en el poder sin tener condiciones idóneas para llegar a tener las máximas responsabilidades que ha tenido. Presidente de la Asamblea, canciller y después llegar a la Presidencia ha sido como demasiado desprecio hacia la institucionalidad de una nación.

Debería, por el bien del país, no seguir forzando la barra. Su actuación es cada vez más errática; el manejo de los asuntos del Estado y su discurso panfletario lo alejan de cualquier virtud republicana. Se empeña en sabotear el revocatorio sin entender que él sería el primer beneficiado. Ya no hay salvavidas que lo mantenga a flote. El Vaticano podría ser una herramienta para negociar una salida menos traumática para el país. Venezuela está llegando a los límites de la tolerancia, y su actitud intransigente pone en riesgo la frágil paz de la nación.

Debería conformarse con todo lo que ha logrado y dar paso. Ha llegado lejos por sus vínculos más que por su expediente de lucha. La historia igual lo señalará más por lo que fue que por lo que hizo. Debería darle una tregua a este país y renunciar; no entiende que el modelo se les agotó y que solo con represión, mentiras y hostigamiento podrán mantenerse en el poder.

Ni el socialismo, ni el chavismo ni los ímpetus revolucionarios terminarán por su ausencia. Por el contrario, sin su presencia los seguidores del chavismo podrán continuar cultivando espacios en la misma Venezuela que quisieron salvar y, sin embargo, le han hecho tanto daño.