• Caracas (Venezuela)

Oscar Hernández Bernalette

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Oscar Hernández Bernalette

De Caracas a Evo Morales

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Poco antes de escribir esta nota en la que quería reflexionar sobre el nuevo triunfo de Evo Morales, me sucedió un hecho repetido y que me demuestra el nivel de subdesarrollo que vivimos en Venezuela, en donde el abuso y la falta de respeto por los ciudadanos no tiene límites. Un motorizado en moto de alta cilindrada con un caso tipo “robocop” detiene la circulación en un semáforo con decenas de vehículos para darle paso a una camioneta escoltada. Un ciudadano enfurecido por el atropello intentó pasar y la moto casi la montan encima del parabrisas del conductor.

El vehículo no tenía placa oficial, ni diplomática. Nos quedamos atónitos mientras la luz verde que nos daba paso solo sirvió para que más de un conductor batiera la cabeza como señal de indignación. Lo más insólito es que dos policías de tránsito estaban allí observando, y como si no fuera con ellos. Seguramente se preguntaban ¿y quién será el chivo que va en esa camioneta? Entonces, me pregunto, qué ley autoriza a que te detengan en cualquier esquina o semáforo para darle curso al vehículo de personajes escoltados. Seguramente que ninguna. Es parte del abuso sin límites.

Recordé en mi espera de dos minutos, y con el respectivo contador del semáforo advirtiéndome que pronto tendría de nuevo derecho a paso, una reunión en mis tiempos de servicio en Ginebra, y en vísperas de una visita del presidente Caldera, de una discusión entre un funcionario suizo que le explicaba a uno de los edecanes de la época que en su protocolo no había manera de vulnerar la circulación en una vía aunque estuviese de visita un alto dignatario. En otras palabras, si hay una luz roja en el trayecto, la caravana presidencial se tenía que detener. Así fue. Los semáforos se respetan.

Evo Morales lleva a Bolivia por el sendero del crecimiento económico y la inclusión social. Ojalá que el afán reeleccionista no lo haga caer en la trampa.