• Caracas (Venezuela)

Oscar Hernández Bernalette

Al instante

La Asamblea y los odios

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El odio al igual que el miedo es libre. No hay normas que prohíban tan bajo sentimiento. En el ejercicio de la política practicarlo es mala consejera. Cuando se llega a ese deseo de producirle daño a quien se considera el enemigo y no el adversario estamos ante un eminente peligro. Forma parte –como diría Josep Ramoneda– del “arsenal emotivo de un ser precario e inestable”. Por lo general, el agresor verbal no lo percibe. Quienes los observamos nos damos cuenta.

Por estos días políticos, en Venezuela la gente en la calle se asombra de escuchar discursos con gesticulación más allá de la emotividad de la pasión política, y más bien producto de la rabia. Violentas en su forma,  que indican revancha o la amenaza y la represalia. Estas pueden   convertirse en la antesala de acciones delictivas y por ello hay que observarlas con la debida ponderación.

Los discursos encendidos de estos días en la Asamblea demuestran que el llamado a la civilidad está distante de la gran agenda política que Venezuela requiere para salir de esta crisis. La rabia lleva a la mentira constante, a las medias verdades, a las ganas de borrar la historia y a no reconocer ningún mérito del “enemigo”. Por ejemplo, el no reconocer que se es minoría, que se perdió en buena lid y que el país quiere un cambio. Puede la violencia verbal sin recato, sin educación, con el uso de epítetos e insultos provocar fanatismo. Los venezolanos no queremos ver a nuestros diputados irrespetándose. Entendemos la pasión, pero aspiramos a que el discurso sea decente. Con verdades en la mano. Sin atropellos.

Precisamente por unanimidad se aprobó una resolución en homenaje al embajador Demetrio Boersner. Ese fue un hombre de principios, socialista, que se ganó el respeto de sus amigos y de sus adversarios. Quienes lo conocimos podemos dar fe de que siempre usó el verbo con moderación y altura. A quienes adversó los trató siempre con gran humildad. Por qué no hacer el esfuerzo. La forma es fondo y vale la pena preservarla. De esta crisis profunda que tiene Venezuela no se sale con bravucones, sino con hombres y mujeres con cordura.