• Caracas (Venezuela)

Oscar Hernández Bernalette

Al instante

Apretarse las correas morales

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Era en Maracay. Allí estaba, una tarde más de las tantas en las que el comandante les hablaba a sus seguidores y a la nación. De los miles de temas y discursos con los que aturdió y pontificó hay uno más que interesante para estos tiempos de poca transparencia. Portaba su chaqueta verde. Le machacaba a la audiencia más o menos en los siguientes términos: “Si yo fuera delgado (PSUV) y me vieron con un ‘volkswaguito’, que es el auto que yo tenía, y ven que vivo en un apartamentico en Caña de Azúcar (sector popular), y de un día para otro aparezco con tremenda camioneta, me mudo a una de las zonas más ricas, dirían ustedes: ¡Epa y qué le pasa a Chávez!”.

Chávez les alegaba “que si él se apareciera con tremendos carros, trajes, camionetas y se la pasara en clubes privados, entonces el partido tendría que reaccionar”. “A la primera señal habría que hacer algo, este partido tiene que apretarse las correas morales”, decía.

Afirmaba que su partido y el gobierno debían dar el ejemplo de transparencia, de honestidad a toda prueba. Insistía en que el que tuviera, que se desprendiera; debían dar el ejemplo si querían ser la vanguardia. “El que quiera hacer dinero, ¡fuera, muy lejos!”, sentenció.

Estaban sentados en primera fila con gran fijación, como siempre ante sus discursos, Istúriz, Jaua, Cabello, entre otros tantos, unos notables y otros notorios. Ese mensaje, por supuesto, distó mucho de la praxis, tanto en su gobierno como en el actual. Una cosa es decir que se combate la corrupción, y otra, que se persigue a los corruptos. La corrupción la originan no solo el deseo del dinero fácil, sino la falta de valores, la injusticia, la debilidad de las instituciones que no son capaces de combatirla a todos sus niveles. El caso de Venezuela es patético, al Estado lo exprimen ricos y pobres, los gobernantes y los privados ambiciosos.

Quizás esa intervención de Chávez debería ser una de las que principalmente transmitieran los medios del Estado, tan dados en estos tiempos a mitificar al comandante.