• Caracas (Venezuela)

Oscar Hernández Bernalette

Al instante

Almagro: ¿de cuál izquierda hablan?

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Las dos cartas de Luis Almagro, en su carácter de secretario general de la OEA, referidas al caso Venezuela, una a Elías Jaua y la otra a Tibisay Lucena, reafirman lo importante de la coherencia en la política y en las relaciones internacionales.

La diplomacia nos  permitió convivir en muchos escenarios y por ello la admiración por las ideas honestas de las personas. Son admirables quienes actúan según su visión de mundo pero con coherencia, y se comportan en la vida como dicen que piensan, así se equivoquen. Qué frustrante que el verbo contradiga las acciones, sean estas de cualquier signo, derecha, izquierda, centro, en la religión o en la cultura. Quizás sea en la política, y especialmente entre los autodenominados “izquierdistas”, en donde más encontramos esta permanente dicotomía entre el decir y el ser.

Aquí en Venezuela encontramos lo alejado que está el chavismo en ejercer con ética lo que llamaríamos la verdadera esencia humanista de los progresistas. Los signos de poder y de opulencia que descaradamente demuestran a lo largo y ancho del país son parte de esa contradicción que hoy miles de venezolanos tardíamente descubren y, por supuesto, rechazan. La riqueza sin esfuerzo, el abuso de poder, las corruptelas, la ineficiencia y la crueldad asfixian. La  falta de honestidad se evidencia en el ejercicio de los cargos públicos y en el indiscutible ascenso social de los funcionarios. Sin duda, les funcionó el discurso de reivindicación social con que han mantenido adormecido a gran parte del país.

Sin embargo, y a menos que nuestros conciudadanos sean masoquistas, la llave que abrirá los nuevos tiempos a Venezuela está en esas elecciones del 6-D. Han gobernado por dieciséis largos años. Pero qué mal lo han hecho. Qué desperdicio de oportunidades. Cuánta falta de sindéresis y respeto por el prójimo. Tanto que hubiesen logrado si efectivamente fuesen de izquierda. Lamentablemente, no siguieron el ejemplo del Pepe Mujica y el buen tino de quien fue su canciller.