• Caracas (Venezuela)

Oscar Hernández Bernalette

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Oscar Hernández Bernalette

Ahorcar a una mujer

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Confieso que me conmovió que ahorcaran en Irán a la joven Rayhaneh Jabbari, de 26 años de edad. Cualquier padre se perturba por tan dura realidad. Su pecado fue defenderse de un intento de violación. Estuvo 7 años confinada en una cárcel y finalmente la ejecutaron. La historia no es distinta a otras miles de abuso sexual. Todos los días mueren personas inocentes, pero qué tristeza que una joven que intentó defender su integridad fuera juzgada con tal crueldad por una corte. No valió la campaña internacional por Twitter y Facebook para salvar a esta mujer de tan lamentable final. Se recogieron más de 250.000 firmas. Una vez más la razón de la religión y el Estado prevalecen por encima de la justicia.

En Irán ejecutan a muchas personas por ofensas menores y condiciones humanas que son castigadas bajo las leyes fundamentalistas con la pena de muerte. Por adulterio, robo, homosexualidad, posesión de drogas, y por supuesto la disidencia política también es castigada con crueldad. Es el país con mayor número de ahorcados per cápita del mundo. ¡Vaya qué récord! Rayhanech dejó una serie de cartas que serán publicadas en un libro por su madre la reconocida actriz Jabbari Shole Pakrayan.

En los tiempos que corren, la brutalidad sigue siendo una herramienta de control de unos hombres sobre otros. Sólo pensemos que después de 65 años del Holocausto aún no aprendemos, y hay sitios en los que se actúa con impunidad y vil venganza por ideologías y causas poco civilizadas. Es un crimen de lesa humanidad no haberle permitido un nuevo juicio ante la evidencia y a pesar del llamado de atención de miles de personas alrededor del mundo.

Antes de ser ejecutada en la prisión de Rajaishahr, le escribió una conmovedora carta a su madre en la que le dice: “Desde lo más profundo de mi corazón que no quiero tener una tumba para que vayas a llorarme y sufrir. No quiero que vistas de luto por mí. Esfuérzate en olvidar mis días difíciles. Deja que el viento me lleve...”