• Caracas (Venezuela)

Oscar Hernández Bernalette

Al instante

2015

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Mientras que en el planeta se avanza a pasos agigantados en el conocimiento y el desarrollo, como, por ejemplo, desarrollaron una impresora 3D para trabajar en condiciones de gravedad cero y resolver uno de los problemas de la exploración y la futura colonización del espacio, como lo es la necesidad de fabricar a distancia repuestos, herramientas, prótesis, entre otros, nuestra Venezuela del año 2015 transcurrirá en la misma brecha de deterioro institucional, político y social.

Pocas cosas para congraciarnos con un futuro mejor para la mayoría de los venezolanos. Será otro año difícil. La caída de los precios del petróleo y las políticas económicas nos sitúan ante un panorama que seguirá afectando la calidad de vida. Muchos continuarán el camino migratorio y la ciudadanía padecerá limitaciones y escasez.

Sin duda, estamos conducidos por uno de los peores gobiernos de la historia republicana, empeñado en un modelo evidentemente erróneo y que no ha querido entender que no hay manera de sacar al país del atolladero si no se cambia el rumbo.

Mientras más se insiste en la necesidad de institucionalizar al país y la obligación que tiene el gobierno de escuchar a la gran mayoría opositora que le demuestra hasta la saciedad que el país se hunde, estos continúan por el despeñadero de la historia. Las violaciones constitucionales, la persecución política, la exclusión y la corrupción siguen galopando como si las señales de alerta a escala nacional e internacional no existieran.

La lectura del documento del profesor Asdrúbal Aguiar, quien explica cómo se "mutó ilegítimamente la Constitución para elegir inconstitucionalmente a los titulares de los órganos del Poder Ciudadano, del Poder Electoral y del Tribunal Supremo de Justicia" demuestra la fragilidad de la paz social en esta nación.

Difícil entender cómo Miraflores insiste en el mismo formato que tanto descrédito le ha deparado. La ineficiencia en el sector público es evidente, el deterioro de la infraestructura, el derroche gubernamental y una actuación internacional a contracorriente, que pocos réditos le brinda.