• Caracas (Venezuela)

Oscar Collazos

Al instante

Oscar Collazos

¡Ay, España!

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La España de las tres últimas décadas del siglo XX es el resultado de un acuerdo nacional que unió a derecha, centro e izquierda, nacionalistas y españolistas, monárquicos y republicanos, tras 40 años de dictadura, en la apertura hacia la democracia. Lo sorprendente de ese acuerdo fue haber pasado por la prueba golpista, que, de haber triunfado, habría mantenido en el poder a los nostálgicos del franquismo. La larga reseña del episodio golpista está magistralmente recreada en Anatomía de un instante, el libro de Javier Cercas.

La transición española a la democracia fue institucionalmente ejemplar, pero, antes que ocultar, volvió aún más visibles los nacionalismos históricos, sobre todo el de ETA, en el País Vasco, que había ganado su aureola revolucionaria en una mezcla político-militar de nacionalismo con antifranquismo. El atentado de película contra el almirante Carrero Blanco, contribuyó a la mitología revolucionaria del grupo.

El Estado de las Autonomías que se creó con la nueva España fortaleció los nacionalismos históricos de Cataluña, el País Vasco y Galicia, regiones con lenguas y tradiciones propias.

De la década de los 80 del siglo pasado a la primera del XXI se produjeron la normalización y consolidación de la lengua, la cultura y las instituciones catalanas. Una corriente poderosa permitió la radicalización cada vez más intolerante del nacionalismo catalán, hasta el absurdo de desconocer la condición bilingüe de la nación catalana y a la excomunión del castellano como lengua del “opresor” español.

En menos de 20 años, la más europea y cosmopolita de las regiones de España se cerró hacia sí misma, creando sus propias inquisiciones internas. Hasta que los nacionalistas de derechas dieron su golpe de timón y se volvieron separatistas. Este es 80% de los 2.250.000 -entre más de 6 millones aptos para votar- que dijeron simbólicamente ‘sí’ a la propuesta separatista.