• Caracas (Venezuela)

Oscar Arnal

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Cuando se produjo el encuentro o “descubrimiento de América”, Cristóbal Colón escribió unas cartas a los reyes españoles, donde describió el nuevo mundo como un paraíso de felicidad. Según Colón, los aborígenes vivían semidesnudos, de manera apacible y en una especie de sociedad comunitaria donde compartían todo. Sus escritos sacudieron la conciencia del mundo eurocéntrico en crisis e inspiraron a Tomás Moro a escribir La utopía. Influyeron en la Ilustración y en la creación de la última fase idealizada del marxismo, donde no hacía falta gobierno ni Estado. 

Investigaciones de opinión de la encuestadora Gallup han determinado que los países más ricos no son los más felices, y sobre esos estudios de opinión la BBC de Londres ha titulado “La felicidad está en América Latina”. No cabe duda de que nuestros países están entre aquellos donde más se disfruta la vida. En Venezuela, por ejemplo, desde hace muchísimo tiempo no existen problemas de discriminación. El mestizaje forma parte de nuestra cultura y, a pesar de la aguda crisis actual, las colas y la escasez, hay muchos más rostros alegres de los que se observan en los países ricos y fríos del norte. Caracas, por lo demás, está situada en un valle circundado por el Ávila y produce un clima y nos da una respiración muy especial. Ni hablar de Venezuela entera. Un país caribeño, andino, amazónico y llanero. El resto de la América Latina de alguna o de otra manera es similar.   

Todos los seres humanos estamos llamados a ser felices. Y la felicidad tiene que ver con la realización plena de la persona humana y no con el dinero. El refrán: “Más duerme el deudor, que el acreedor” lo reafirma. Quien mucho tiene, tanto tiene que cuidar, que eso lo absorbe mucho más de lo que puede disfrutar.

Los modelos económicos de capitalismo liberal, de mercado puro o salvaje, a pesar de conducir a los países a lograr mayor crecimiento económico, no conducen por dicha razón a los pueblos a la felicidad. Hoy el ídolo es el dinero y no importa lo fácil que sea conseguido.

El papa Francisco ha recordado la tesis que señala que la vida y la economía tienen que estar en función y tener como centro al ser humano y no el dinero. El desarrollo del hombre y de todos los hombres. El modelo actual excluye al ser humano a tal punto de que cada día la brecha entre ricos y pobres continúa abriéndose, de manera que los ricos son cada segundo, producto de la acumulación financiera, mucho más ricos que el resto de la humanidad. Mientras tanto, como causa de la robotización, crece el desempleo, lo que perjudica especialmente a las nuevas generaciones. Ni hablar de la exclusión que sufren los ancianos.

En fin, estamos viviendo no una época de cambios, sino un cambio de época, y la ocasión es propicia para plantear un nuevo modelo que combine progreso con felicidad...

 

osarnalg@ucab.edu.ve

@OscarArnal