• Caracas (Venezuela)

Orlando Luis Pardo Lazo

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Orlando Luis Pardo Lazo

CON OEA O SIN OEA

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De niño, en La Habana, más de una década después de haber sido expulsada Cuba de la OEA —por insertarse dentro del Telón de Acero soviético y constituir un peligro para las democracias de la región—, aún nos obligaban a corear en la escuela aquel slogan sin fecha de caducidad: “Con OEA o sin OEA, ganaremos la pelea”.

La chiquillada no sabía qué podía significar la tal OEA. La imaginábamos como la calva cabeza del águila imperialista que nos espantaba en tantas y tantas canciones infantiles de aquella época.

Pero poco importaba nuestra ignorancia infantil, siempre y cuando no flaqueáramos en la disciplina de “pioneros Moncadistas”: es decir, de niños capaces de asaltar el cuartel Moncada y morir matando de madrugada, disfrazados con el mismo uniforme de los militares tomados por sorpresa en tiempos de carnaval, como hiciera Fidel Castro en el putsch del domingo 26 de julio de 1953.

Lo único que importaba entonces era mostrar y demostrar nuestra devoción patriótica en el aula, gritando ese slogan hasta que las venas del cuello nos dolieran. Total, tampoco sabíamos qué era “en cadenas vivir es vivir en afrenta y oprobio sumido”, e igual cantábamos con tétrica teatralidad nuestro Himno Nacional en cada matutino de escuela.

Al parecer, la consigna de los comunistas cubanos sigue teniendo demasiada vigencia. El gobierno de La Habana se vanagloria de que nunca regresará a la OEA, a la par que fomenta organizaciones paralelas de integración —como la CELAC— para demeritar el prestigio y poder de la OEA. Como remate, Cuba controla, a través de la Venezuela acéfala, los intereses geopolíticos y de dependencia económica de la región, por lo que muchos embajadores latinoamericanos ante la OEA no son más que títeres para apoyar o boicotear en bloque los temas estratégicos del neocastrismo, llámese socialismo del siglo XXI o capitalismo de Estado o Raulpolitik.

Ayer, viernes 21 de marzo, estuve todo el día ante la sede de la OEA en Washington DC. Dentro se desarrollaba una odiosa odisea de miedos y mentiras, con ese estilo opaco de las dictaduras, con el pretexto de que a los pueblos les asiste su derecho a decidir mediante el voto y la mayoría. Pero, en realidad, hace ya bastante que no se trata de naciones 100% soberanas. En el mejor de los casos, son peones y parásitos del ajedrez autoritario que se ejerce desde el Telón de La Habana. En el peor de los casos, son regímenes despóticos-populistas donde el caudillo y su clan serán reelegidos “legalmente” hasta el fin de los tiempos, sin opciones para la oposición, y con una infiltración de inteligencia sólo comparable a la del criminal Plan de Cóndor de décadas atrás.

Ayer, María Corina Machado fue tratada por una miserable mayoría en la OEA como una prófuga de la supuesta justicia venezolana. Sus acompañantes, el líder estudiantil Carlos Vargas, el sindicalista Iván Freites, y Rosa Orozco, devenida activista tras el asesinato de su hija Geraldine Moreno, fueron groseramente censurados y poco faltó para que los expulsaran del edificio, acaso esposados por la Seguridad de la OEA (no confundir con la Seguridad del Estado, mucho menos con el tenebroso G-2 cubano, que coacciona sin inmutarse, a golpes de chantaje y terror, lo mismo a eurodiputados que a magnates globales que a congresistas yanquis: recordar que a los Castros se les han capturado espías hasta dentro del Pentágono).

El mensaje no puede ser más repugnante, con OEA o sin OEA: los gobernantes del área están entregando a María Corina Machado en las fauces de unos usurpadores desesperados entre La Habana y Caracas, los que ya no cuidan ni los procedimientos formales, porque saben que su tiempo se ha terminado y que sólo la masacre los retendrá en sus cargos a perpetuidad, si por fin logran imponer en Venezuela, y en el resto de las naciones “bolivarianas” —ese vocablo que, como “revolución”, no significa nada y es la causa de todas las impunidades—, el cementerio civil en que sobrevivimos los cubanos desde el primer año de “nuestra” revolución.

María Corina Machado ha declarado con humildad que en Venezuela ahora hay millones de líderes ciudadanos. Es cierto, pero esa fórmula no le sirve en absoluto a la rabia de los represores, que necesitan estigmatizar, aislar, inhabilitar, encarcelar, exiliar, y ejecutar como por casualidad a un número concreto de líderes. Una relación sacrificial de buenos venezolanos que ahora ella definitivamente encabeza, junto a Leopoldo López. Una lista limitada que es la lista sin límites de la esperanza de por fin extirpar —tras más de medio siglo de mitos y matonismo— al castrismo continental.

La OEA ayer votó por mucho más que por el silencio de María Corina Machado. La OEA ayer la sentenció a la soledad asesina del socialismo soez, que es el único que ha germinado en América. La OEA ayer se hizo cómplice de un crimen de lesa moralidad que, como las cuotas coercitivas del petróleo venezolano, embarra las manos mezquinas y salpica el rostro reaccionario de medio continente.