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Pedro Llorens

A votar sin abandonar la protesta

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Quién le dijo a los de la Mesa de la Unidad Democrática, a su candidato (y el de al menos la mitad de los venezolanos), a sus jefes de campaña y a buena parte de los opinadores de oposición, que debían convalidar, de cara al país y frente al mundo, el resultado electoral del 7 de octubre... 

y abstenerse de hablar de posible fraude en singular o de posibles fraudes en plural o de ventajismos sin límite (en términos de ¡ya está bueno!) o de violaciones a la Constitución, a la Ley Electoral, al Reglamento General de la Ley y al Reglamento Especial sobre la Campaña Electoral para la Elección Presidencial, o de los múltiples atropellos (hay 450 contabilizados y muchos de ellos configuran delitos) en que estuvieron involucrados, dentro y fuera de los centros de votación jefes y funcionarios militares del Plan República. 

A raíz del 7-O todos parecían conformes con los resultados obtenidos y remitían la esperanza a la posibilidad de que, en próximos procesos, pudiesen cruzarse las líneas del gráfico electoral (si no se incorporan nuevas trampas)... y ninguno ocultaba el temor (inexcusable) a que la protesta pudiera enturbiar la elección de gobernadores el próximo 16 de diciembre y desestimular a los votantes, probablemente temerosos, y con razón, de una posible celada gubernamental (cualquier cosa puede esperarse de un Gobierno encabezado por Corazón de mi Pueblo y tutelado por los hombres de Raúl Castro) y, por supuesto, desanimados por una derrota que no esperaban. 

Las reacciones tardaron en aparecer: la del secretario ejecutivo de la MUD, Ramón Guillermo Aveledo, quien denunció el superávit de recursos y el déficit de escrúpulos por parte del Gobierno... y luego la del alcalde metropolitano Antonio Ledezma, cuando le tocó ser vocero, que conminó a las rectoras a garantizar el acceso a todo y a dejar de manejar el organismo electoral como pulpería, lo que terminó de abrir la espita para que salieran a relucir detalles del atropello implacable infligido por el oficialismo. 

Con elecciones, o sin elecciones, antes, en medio o después de ellas, es necesario propiciar la salida de las rectoras ("somos las chicas de Hugo Chávez..."), desvelar los secretos de la sala electoral oculta y desentrañar las trácalas, los partos múltiples, las resucitaciones y las transmutaciones que ocurren durante las prórrogas en los centros electorales... y exigir supervisión internacional calificada. 

También, acudir a votar y respaldar con el voto la política que tengamos y mantengamos  en la calle.