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Daniel Gros

Cómo volver a echar a andar la economía de Ucrania

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Hoy en día, en las capitales orientales y occidentales, se cierne una pregunta acaparadora de atención: “¿Quién perdió a Ucrania?”. Desafortunadamente, en este momento, esa no es la pregunta más importante que debería formularse.

La pregunta más pertinente es cómo estabilizar la situación en Ucrania. Teniendo en cuenta que, en la práctica, se puede hacer poco por sacar a Rusia de Crimea, el principal desafío, en este momento, es mantener el resto del país unido y volver a echar a andar a su economía, que se encuentra en un estado de animación suspendida, debido a que su déficit fiscal y su déficit externo son insostenibles.

Se conocen muy bien cuáles son los temas clave para la reforma: se debe aumentar sustancialmente el precio del gas para reflejar su costo, se deben detener los subsidios a la producción nacional de carbón, y se debe hacer una revisión completa de la gestión de los oleoductos del país, por los cuales aún se perciben enormes aranceles por el transporte del gas ruso a Europa occidental. Desde que, en los hechos y mediante negociaciones turbias, se entregaron dichas tuberías a empresas nominalmente privadas, los ingresos por aranceles de tránsito han desaparecido, junto con grandes cantidades de gas, mientras que se lleva a cabo muy poco mantenimiento.

Estos tres temas son decisivos para la lucha contra la corrupción. Un ministerio de energía que decide quién puede obtener gas a una quinta parte de su costo y quién no puede beneficiarse de dicho costo, obviamente se encuentra sujeto a presiones irresistibles para distribuir sus favores a aquellos que le ofrezcan los sobornos o las comisiones clandestinas más grandes. Lo mismo se aplica a las subvenciones al carbón, con la excepción de que estos subsidios van a los productores más ineficientes.

El Fondo Monetario Internacional, sin duda, pedirá a Ucrania la reforma de sus subsidios al gas y carbón como condición previa para la ejecución de su paquete de ayuda económica (al cual la Unión Europea contribuye de manera importante). Ya se están tomando los primeros pasos, como el reciente anuncio de las autoridades acerca de que el próximo mes se incrementarán los precios del gas doméstico en 50%.

No obstante, si bien la eliminación de los subsidios energéticos es absolutamente esencial para equilibrar el presupuesto y poner a la economía en una posición sólida, con estos pasos también se corre el riesgo de golpear con especial dureza a Ucrania oriental, donde se encuentra una importante minoría ruso hablante. Y, algunos de ellos podrían verse tentados por el encanto de una mejor vida en la “madre Rusia”, con sus vastos recursos de energía barata.

Ucrania oriental se encuentra dominada por las industrias del carbón y del acero, que son anticuadas e intensivas en el uso energético. Sin embargo, también alberga algunos centros de excelencia tecnológica, como las fábricas que producen importantes piezas de recambio para helicópteros militares rusos. Entonces, el desafío que enfrentarán las autoridades formuladoras de políticas será cómo poder garantizar que la creación de nuevos puestos de trabajo en estas empresas competitivas pueda mantenerse a la par y equilibrar las pérdidas de empleo que surjan por los altos precios del gas y la eliminación de los subsidios a la producción de carbón.

La UE debería apoyar esto de dos maneras. Debería proporcionar asistencia especial de marketing a las empresas que han perdido repentinamente sus mercados rusos. Y debería abrir sus mercados, no solo mediante la supresión de aranceles aduaneros para la importación de los productos ucranianos, que es algo que ya se ha decidido, sino que también debería prestar apoyo mediante la concesión de una exención temporal de la necesidad de cumplir con todos los complicados reglamentos y normas técnicas de la UE.

Ganar “los corazones y las mentes” de las personas es la clave de la victoria durante una insurgencia. En el caso de Ucrania oriental, ganar el apoyo de aquellos que aún se encuentran nostálgicos de los “buenos viejos tiempos” debe ir más allá de la creación de empleos productivos que llenen sus billeteras. Este, también, es un proceso en el que la UE podría prestar su respaldo.

Para empezar, podría aliviar las dificultades sociales que se producirán cuando el precio de la calefacción, por sí solo, vaya a superar el total de los ingresos del hogar. Al mismo tiempo, la UE debería ayudar a hacer frente a la causa de estos extraordinariamente altos costos de calefacción: la lamentable ineficiencia energética de la mayor parte de las viviendas existentes.

De este modo, la UE debería poner en práctica rápidamente un programa de apoyo social dirigido a las personas “energéticamente pobres”, junto con un apoyo financiero a las inversiones en eficiencia energética. La experiencia en Europa Oriental, donde en la década de 1990 se tuvo que aumentar los precios de la energía, demostró que las medidas simples –como un mejor aislamiento, junto con el mantenimiento y la reparación de muchos sistemas de calefacción central que se descuidaron durante mucho tiempo en la región– producen una rentabilidad rápida y sustancial en cuanto a reducir la intensidad energética. Incluso una ligera mejora en la eficiencia energética de Ucrania podría contribuir más a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero que las enormes sumas que se gastan en la actualidad para desarrollar fuentes de energía renovable.

No obstante, teniendo en cuenta la generalización de la corrupción e ineficiencia gubernamentales, un programa de este tipo tendría que ser administrado directamente por un grupo de trabajo conjunto formado por la UE y Ucrania. Los Estados miembros que se encuentra cerca, especialmente aquellos cuyos idiomas son similares al ruso y al ucraniano, deberían estar en la capacidad de movilizar rápidamente los conocimientos técnicos que sean necesarios.

Por último, los ingresos procedentes de las tuberías de gas deben retornar a las arcas del Estado. En este tema, la UE también puede desempeñar un papel importante al reconocer el especial interés que tiene Rusia en cuanto a un mantenimiento adecuado de dichas tuberías y a una contabilización apropiada del gas que transportan.

Por supuesto, nadie debería esperar que el gobierno de Ucrania vaya a confiar en la palabra de un país que acaba de anexar parte de su territorio. Sin embargo, como una medida para fomentar la confianza, se debería invitar a Rusia a celebrar un acuerdo tripartito por el cual se confiaría el control operacional de las tuberías al Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, una institución en la que todas las partes tienen una participación accionaria. Este salvaguardaría los intereses legítimos de todas las partes (incluso los intereses de Rusia), lo que garantizaría el buen funcionamiento y mantenimiento de las tuberías y la supervisión de la distribución de los aranceles de tránsito.

Independientemente de si se ha “perdido” a Ucrania, o quién la perdió, el país aún puede ofrecer un futuro atractivo para todos sus ciudadanos, si se pueden compatibilizar las inevitables reformas económicas con la cohesión regional. La UE puede desempeñar un papel importante mediante la apertura de su mercado y el suministro de financiación y asistencia técnica en áreas cruciales.

 

*Director del Centro de Estudios Políticos Europeos.

Copyright: Project Syndicate, 2014.