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Valentín Arenas Amigó

La voluntad popular

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La voluntad popular (VP) burlada solo se conoce con elecciones limpias. Durante dieciséis años se ha utilizado la vía electoral para simular “que en Venezuela existía una democracia” mientras se construía una autocracia con la asesoría de los Castro. Así logró Cuba sobrevivir económicamente después de que la Unión Soviética la abandonó. El año próximo corresponde celebrar elecciones parlamentarias y de tener mayoría en la Asamblea depende la autonomía de las instituciones del Estado y el respeto a la Constitución de la República. Pero no se trata solo de tener elecciones sino que se necesita también que a través de ella se pueda conocer cuál es la voluntad popular y que esa voluntad sea respetada lo que no ha ocurrido en los últimos quince años con la única excepción de la celebrada en diciembre de 1998 cuando había un árbitro imparcial lo que hizo posible que se conociera y se respetara la voluntad popular (VP). Esa es la que tiene que elegir a los nuevos diputados y no el tan repetido PP que es solo propaganda de una democracia que no existe.

Cuénteme una de vaqueros será la respuesta del venezolano cuando salgamos de esta pesadilla y alguien le pida que le explique qué es una revolución. Después de dieciséis años de este desastre el venezolano quedará vacunado para toda su vida con ese virus rojo que llaman revolución. Sin seguridad, sin comida ni medicinas, sin libertad ni respeto a su dignidad como persona y a sus derechos como ciudadano y otras muchas carencias que todos padecemos será bien difícil, por no decir imposible, que el virus revolucionario no sea rechazado con fuerza por todo este pueblo que en estos años de revolución lo han dejado bien vacunado contra el virus revolucionario. Quienes padecen esta enfermedad una vez no la repiten más nunca. Optarán porque le cuenten mejor una de vaqueros. ¡Así de grande es el engaño!

Maduro se derrite al sol de la libertad. Lo designaron heredero pero no heredó el liderazgo de quien lo designó, tampoco tiene capacidad  para gerenciar un país. No sabe nada de eso. Tampoco expresa simpatía personal tal vez porque carece de ella. Hugo discutió con Fidel sus sugerencias políticas porque se sentía de su mismo nivel, Nicolás simplemente las obedece porque no sabe cómo rechazarlas. Hugo le dejó como herencia el cargo de presidente pero también la carga de manejar a un país cadavérico y muy difícil del resucitar. Lo dejó de sepulturero. Basta con escuchar una cadena, haciendo un gran esfuerzo por supuesto, para darse cuenta de que Maduro, el pintón, se derrite cada vez mas al sol de la libertad que ilumina el futuro de los hijos auténticos de Simón Bolívar, el Libertador. Cada día crece más en Venezuela la marea democrática y amenaza convertirse en una verdadera tormenta… de amor y de paz.