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Fermín Lares

Ya le voltearemos la cabeza al caballo blanco

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Hay un cierto temor. No tanto de que gane el gobierno las parlamentarias del domingo. Hay un cierto temor sobre si gana la oposición.

Y el temor no lo tienen los chavistas, los del gobierno, porque así pierdan la Asamblea Nacional cuentan con la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, que de Constitucional lo que tiene es que ha servido para avalar cuanta violación a la Constitución haya decidido cometer el chavismo, desde que Chávez estaba vivo. El chavismo en el poder no tiene temor, porque hoy cuenta con una alta jerarquía militar con inmensos privilegios que avala lo que diga la Sala. No tienen temor porque abrigan la esperanza de que aun perdiendo en la votación general, pudieran sacar una mayoría de diputados, con la desproporcional representación que tienen en los circuitos donde generalmente han ganado, que tienen menos población que en los circuitosfavorables a la oposición, pero que envían más representantes al cuerpo legislativo.

El temor tampoco es de los chavistas comunes y corrientes, los de a pie, los del cerro, los del barrio, los humildes. Muchos de ellos quieren castigar al gobierno, están hartos, y o se abstienen de votar o votan por la misma oposición. Todavía creen en Chávez, pero no en lo que Chávez les dejó.

El temorestá en el mero triunfo de laoposición. Aquí aclaremos un punto: La oposición, desde la dirigencia más radical hasta la más moderada, pasando por los ciudadanos comunes y corrientes, los de a pie, los del cerro, los del barrio y los de las urbanizaciones de clase media, está resteada con ir a votar y a votar contra el régimen. Todo el mundo está harto. Para los ciudadanos en oposición, cualquiera es mejor que estos chavistas. Y van a salir a votar.

Los números indican que la abstención va a ser mucho menor que en otras elecciones legislativas. También indican que la oposición pudiera ganar hasta por paliza.

El liderazgo opositor ha incrementado su credibilidad. La consulta hecha por IVAD en la primera quincena de agosto ya mostraba más de 50% de respaldo frente a poco más de 20% de apoyo al gobierno. Por un lado, ha ayudado lo extremo de la ineficiencia e incapacidad del régimen en ofrecer aunque sea asomos de salidas a los dos problemas que más angustian a la población, la situación económica, con la escasez de productos y el alto costo de la vida a la cabeza, y la inseguridad personal, con un telón de fondo de percepción de una inmensa corrupción e impunidad a los más altos niveles del gobierno y de sus familiares.

Por otro lado, ha ayudado también que el liderazgo representado en la MUD se ha volcado a hacer campaña a lugares tradicionalmente dominados por el chavismo, al tiempo que ha disciplinado su mensaje. El coro opositor ya no es tan disonante como en otros tiempos, va más bien hacia el unísono, parecen estar todos en la misma página. Se nota hasta cuando uno lee a conocidos articulistas radicales. La voz es una sola, a votar el 6D por la oposición.

Pero hay un cierto temor. Se refleja en lo que uno lee en medios nacionales e internacionales.

“Funcionarios estadounidenses y líderes de América Latina esperan las elecciones parlamentarias de Venezuela este fin de semana con temor, preocupados de que en lugar de reducir las tensiones profundas del país, el voto podría detonar en su lugar una nueva crisis,” dijo este lunes en una reseña noticiosa el diario The Washington Post.

El influyente periódico norteamericano aludía al hecho muy probable de que la oposición le gane en los comicios del domingo a un régimen cuyos líderes, al menos retóricamente, rechazan normas democráticas como la alternancia en el poder y la división de los poderes.

“El escenario de pesadilla es el regreso a la violencia en las calles del comienzo de 2014 que siguió a la estrecha victoria presidencial de Maduro,” razonó el diario estadounidense, que también reconoció que después de las muertes ocurridas en aquel momento, “los líderes de oposición desactivaron las tensiones instando a sus partidarios a dejar de lado su ira y a organizarse para la votación del 6 de diciembre.”

“Pero esa rabia podría estallar de nuevo”, advirtió el periódico.

Y es que la oposición está obligada a mantener rígidamente su pulso. Tanto en lo inmediato después de la elección, como en su desempeño desde el poder legislativo. En ambos casos, con equilibrio y madurez, pero con firmeza. Nada de dejarse arrebatar lo que sea suyo. En ningún caso. Y al mismo tiempo, no pisar peines. Se sabe que no es tarea fácil, sobre todo con un régimen que tiene el monopolio de las armas y no respeta las leyes.

En medios nacionales, se ha expresado otra parte de este temor. Respetados analistas han sugerido a los líderes opositores evitar la retaliación como política después de una victoria en la Asamblea Nacional, que la legislatura nacional no se convierta en instrumento para el garrote político, sino para producir la reconciliación sin impunidad; que haya un acuerdo nacional para relanzar y reconstruir la economía.

Hay quienes van más lejos y comparan el chavismo con la España de Franco, el Chile de Pinochet, la Argentina de Videla y piden que la “transición” en Venezuela se produzca como en esos y otros países que tuvieron fuertes gobiernos dictatoriales y autoritarios, donde costó montones conquistar de nuevo la democracia. Quienes hacen esta comparación llaman al perdón momentáneo de las barrabasadas del régimen contra toda manifestación de libertad democrática, contra los medios, contra los sindicalistas, contra quienes pagaron cárcel, inhabilitación y exilio.

Yo creo que el norte de una oposición triunfante en las elecciones del domingo deber ser la madurez y la sensatez, pero marcadas por la defensa de la legalidad y la institucionalidad democráticas. No va a haber otro marco de referencia ni mejor defensa de sus actuaciones que la propia Constitución. Es allí donde está la debilidad del régimen y donde reside la fortaleza de la oposición democrática. Con ese norte, no hay pele.

De haber sido ese siempre el norte, no se hubieran cometido garrafales errores que se cometieron en el pasado: el carmonazo, la aceptación de la aprobación inconstitucional de la reforma a la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia, la aprobación de los viajes de Chávez a Cuba para que se tratara su enfermedad, sin término ni plazo (no se quería herir susceptibilidades en el chavismo llano), que produjo reuniones de gabinete en La Habana y firmas dudosas de decretos y medidas presidenciales.

La ley y la Constitución deben ser el norte para atacar la impunidad, la sobrepoblación carcelaria, el desmantelamiento de las policías locales y el mediocre funcionamiento de las fiscalías y los tribunales, además de investigar quiénes son los verdaderos capos del narcotráfico, todo lo cual contribuye al irrefrenable índice de criminalidad que afecta a todos los venezolanos.

La ley y la Constitución deben ser el marco a través del cual se revisen la cantidad de leyes arbitrarias, incoherentes, restrictivas, punitivas y violatorias de los derechos de propiedad, que han limitado el crecimiento de las empresas, su productividad, la generación de empleo, el funcionamiento normal del mercado.

Atacar la delincuencia y buscar salidas a los problemas económicos del país son las verdaderas prioridades que está exigiendo la población hace tiempo. Es lo que ha minado las bases del régimen. Y atacarlo es lo que le va a dar más legitimidad al liderazgo democrático opositor y la posibilidad de que reconquiste el poder.

El rol de la Asamblea Nacional es precisamente el de legislar y en ello hay bastante tela que cortar tan solo si se trata de enmendar los entuertos legales e inconstitucionales producidos por el chavismo. El Ejecutivo, que gobierne. Hay que dejarlo gobernar, pues esa es su responsabilidad. A la Asamblea lo que le toca es exigir una rendición de cuentas.

Si la primera ley a aprobar en el nuevo cuerpo es la de la amnistía, maravilloso. Necesitamos tener líderes libres, que estén en capacidad de dirigir y expresar sus opiniones, de todos los bandos, no de uno solo. Queremos el libre debate de las ideas para ser más competitivos y productivos. Pero luego, ocuparse de los problemas, levantar este país.

Ya habrá tiempo para otras disquisiciones, que no dejan de ser importantes, como discutir si reformar de nuevo el Estado y llamar a una asamblea constituyente. Regresar a la institucionalidad democrática, poniendo al día la Constitución y las leyes, es hoy día una verdadera revolución en Venezuela.

Sí, hay que regresar a las siete estrellas de la bandera y volverle a voltear la cabeza al caballo del escudo, pero primero lo prioritario, porque el régimen no se va a dejar quitar lo suyo tan fácilmente.