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Juan Carlos Gardié

La virtud perdida (Aristóteles y el ninismo )

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Terminó el ensayo. Minutos antes me deleitaba al escuchar las voces jóvenes y vigorosas de mis alumnos de teatro diciendo el texto de El día que me quieras, del maestrísimo Cabrujas.  Mi celular armó un escándalo. Atendí y escuché atentamente. Quedé mudo por un instante. Colgué. Mi pálido rostro indujo a Aquiles, el brillante, a preguntar:

—¿Qué pasa, maestro? –

Lúgubre respondí:

—Mi profesor de filosofía del arte, murió. Lacrimógenas que amable y generosamente lanzó la policía sobre un grupo de profesores jubilados reunidos en la plaza.  Protesta justa, pacífica, constitucional y mortal.

—Yo lo conocí —dijo Héctor— usted me lo presentó en la UCV. Era cojo. ¡Viejo sabio!

—Lo llamaban “el Cojo Ilustrado”— acotó pícaro el siempre divertido Peloe’coleto.

—Siéntense, por favor, necesito que me escuchen—. Todos se sentaron atentos.

—Mi profe y yo no comulgamos con el ninismo…esos que ni están aquí ni están allá. Cito al gran Aristóteles: “La virtud es una disposición voluntaria que consiste en un término medio entre dos extremos malos, el uno por exceso y el otro por defecto”. El ninismo, así, con minúsculas, es un neologismo que describe un carácter pusilánime e inerte, apático e inocuo, que confunde la cobardía acomodaticia con una capacidad divina para la mediación.

Nuestro grave conflicto social bipolar aplastó la virtud con un discurso de odio, expelido con resentida urticaria desde el poder. Todos los fundamentalismos son nefastos, pero en nuestro país se torna borroso encontrar con precisión los extremos y por tanto, difícil encontrar la virtud que según Aristóteles debe estar en medio.

El extremo que se autoproclama como “la izquierda” pura guiada desde la eternidad mientras pinta ojos achinados en nuestras paredes poniendo a cantar himnos a un difunto que por su condición de tal no canta y en vida solo vociferó desafinado, actúa como la más rancia derecha militar latinoamericana de los 70, adornando su show con música de La Nueva Trova. Sumemos la denigrante entrega a la apertura capitalista china y la impepinable dependencia de los dólares americanos y cabe preguntarse: ¿Esto es izquierda o una aventura militarista entregada a una burguesía emergente que utiliza la auténtica palabra de Bolívar pero en calidad de herejía?

—Profesor— acotó Peloe’coleto— ¡ahora entiendo mejor el discurso de Pio Miranda cuando explica por qué se metió a comunista!

Todos reímos abiertamente, disfrutando del tono jocoso pero al mismo tiempo agudo del joven actor.

Continué mi disertación citando de nuevo textualmente a Aristóteles: “Todos los aduladores son mercenarios y todos los hombres de bajo espíritu son aduladores”. Echen un vistazo a cualquier instancia del Estado y notaran la más viva expresión de la adulación, por lo tanto de los más bajos espíritus y de los auténticos mercenarios de nuestra política actual. Todo esto según Aristóteles, vale decir. Mientras tanto: todo más caro, la inseguridad desatada, las colas matan a hipertensos, el desabastecimiento se ríe de los anaqueles, el dólar hiere como cuchillo y ellos… ¡Aplaudiéndose en una especie de rito autoaclamatorio que no trasciende las paredes  palaciegas como tampoco lo hacen el champagne y el jamón serrano que degustan en la intimidad! El extremo izquierdo de la ecuación aristotélica está alejado de sí mismo y desdibujado de sus principios pero muy claro  en su acción, siempre y cuando esta sea electoral y populista. Se convirtieron en una etérea visión rojiza que bien podría pecar por exceso abusando del poder, con base en un eventual uso de las armas, una permanente manipulación de la información junto a un enorme mar de contradicciones y evidentes guerras intestinas.-

—¿Y el otro extremo?— Suspicaces inquirieron al unísono Aquiles y Héctor.

Respondí con firmeza:

—El otro extremo se difumina por defecto, según mi visión sobre lo planteado por el sabio griego. Se trata de un sector ideológicamente confuso y polimorfo. Groso modo, suele ser más veleta que brújula y sería conveniente para el país que no siguiera, como suele hacerlo, la agenda que le marca el contrario. Me complace definir esta corriente como resistencia, porque los duros embates del militarismo mesiánico obligan a resistir con valor, tal como encabeza el escudo del estado Monagas.

Con la izquierda excedida pero confundida y nuestra resistencia signada por la ubicuidad, ¿dónde está la virtud del ninismo? ¡No hay virtud en él!  Ellos están en Venezuela pero lejos de aquí, porque aún con franelas rojas son un fraude, como los celebres cuadernos desaparecidos. Cierro esta reunión citando dos pensamientos más del sabio Aristóteles. El primero: “El amigo de todo el mundo no es un amigo”. Valga para el ninismo. El segundo: “El único Estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley”. Venezuela lamentablemente no entra en esta definición de Aristóteles. Finalizo con otra cita: “Dios no nos dio un espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio”.

Preguntan mi alumna magister y su hermana, preparadora de teorética: ¿Eso también es de Aristóteles?    

—No. — Respondí lapidario. —Es de la Biblia, por eso resisto: fiel a mi fe.