• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Raúl Fuentes

La virtud de los depravados

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

No sé por qué me empeñé en indagar el paradero de “comonié”, venezolanismo en vías de extinción que denota rechazo e incredulidad; pero, gracias a esa pesquisa, me topé con un curioso Obituario de voces caraqueñas (Alonso Calatrava, 1999) y un breve inventario de dilatado y casi cervantino título –“Algunas cosas venezolanas que por anticuadas pasaron a ser pavosas”– incluido en Humor y amor de Aquiles Nazoa (1970). La convergencia de esos textos, presumo, no fue producto del azar, sino de la recóndita necesidad de sepultar palabras para evitar el uso perverso y manipulador que de ellas hace el chavismo; imagino, pues, un cementerio de sustantivos y adjetivos donde descansen en paz y por siempre el vocablo patria y sus derivados.

Sé que es quimérico y acaso censurable semejante afán. Tanto como aspirar a que el tiempo transcurra en acelerado tic-tac para despertar cuanto antes de la pesadilla que nos desvela desde hace 17 años, en suerte de contrabolero de aquel en el que Lucho Gatica suplicaba al reloj detener su camino para perpetuar una noche, la última, con su amante; un milagro, en realidad, pedía el cantante. No es diverso el rogatorio de mandato perenne que anima a quienes gobiernan, cuyos actos delatan la convicción de que llegaron para quedarse, de que nada ni nadie podrá despojarlos de sus mal habidos privilegios y que, fieles, a sus codiciosas apetencias apelan, precisamente, a esas voces que queremos proscribir para que no se nos siga chantajeando afectivamente; esas palabras que inflaman e infaman una retórica que, por lo visto, busca subir al máximo la temperatura de la confortación en los límites con Colombia, inexcusable estratagema proselitista que le ha valido a un Maduro descomedido –“Aquí el único que puede poner condiciones soy yo. Usted es capitalista, de derecha y yo soy chavista”– ser considerado por Héctor Schamis, profesor de la Universidad de Georgetown, un entrevero del general Leopoldo Galtieri, militante del peor de los patrioterismos y responsable del fiasco de las Malvinas, y del doctor Bashar al Assad, tácito aliado del Estado Islámico y causante de una de las mayores tragedias que haya conocido el Medio Oriente (El País, 6 de septiembre).

Aunque el mandón no hizo vida cuartelera, mas se cree guerrero, ni frecuentó el claustro, y se ufana de ello, actúa en concordancia con la cruza que le adjudica Schamis y sigue caldeando la frontera, extendiendo el estado de excepción y ordenando (él o quien lo maneje) desplegar millares de efectivos en el Zulia, como si fuesen soldaditos de plomo con los que de seguro juega, entre chanzas y arrogancias, con generales de pechos henchidos de condecoraciones en reconocimiento a su conducta, aseo y aplicación, pero legos en el arte de la guerra (un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos militares, a decir de Clemenceau que del tema sabía un montón).

“Nuestro pueblo primero tiene que ser liberado de la confusión desesperada del internacionalismo y ser educado deliberada y sistemáticamente en un nacionalismo fanático”. Esta frase podría atribuírsele indistintamente a un Hugo Rafael colérico o a un Nicolás enardecido; sin embargo, no provino de sus hocicos, sino del de Adolf Hitler –las coincidencias entre los extremos son más frecuentes que sus desencuentros–, y la citamos, porque ese vómito chauvinista y xenofóbico aparece ahora como fundamento de la estrategia roja de preservación del poder… por cualquier medio, incluso el de las patadas a las mesas electorales.

Y, alineados con el adoctrinamiento propugnado por el führer, los mandamases –convencidos de que su reich ha de durar centurias, si no milenios, y sin ver más allá de sus narices, alargadas por la mentira pero no tanto como para eclipsar un desenlace que solo un ciego no vislumbra– siguen gobernando para una porción cada vez menos representativa del país y, de forma sectaria e inconsulta, incorporan al calendario de efemérides escolares el natalicio del astro paracaidista eternal, 28 de julio de 1964, y su fallecimiento, 5 de marzo de 2013. Y es que el empecinamiento en convertir en héroe a un golpista favorecido por el hastío popular, y crear a partir de sus patéticas circunstancias una epopeya sin glorias que la sustente, y que contempla, por ejemplo, la celebración del nacimiento del “Cantor del Pueblo” (Alí Primera) o la legitimación  de embustes –territorio libre de analfabetismo, día de la dignidad, y un etcétera de zarandajas dignas de olvido que no de recuerdo–, es síntoma de la patológica patriomanía en la que se escuda la insensatez oficial para dar colorido a la deportación y desplazamiento de millares de colombianos. Con razón Oscar Wilde opinaba que “el patriotismo es la virtud de los depravados”.