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Diario La Nación | Argentina

La violencia de Hamas

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La semana pasada, en la ciudad Santa de Jerusalén, un fanático joven palestino, de apenas 23 años, Abdul Rahman Shloudi, atropelló con el automóvil que conducía a un grupo de personas que, distraídas, esperaban subir o acababan de bajar de un tranvía. Entre las víctimas inocentes del cobarde atentado murió lamentablemente una niña de tan sólo tres meses. Otras ocho personas quedaron heridas.

Hamas identificó enseguida al terrorista como uno de sus propios milicianos. “La operación -sostuvo el movimiento islámico- es una respuesta natural a las violaciones y a la escalada de las agresiones por parte de soldados israelíes y colonos”. Una vez más, Hamas recurre a la violencia para dinamitar toda posibilidad real de conversar sobre cómo construir una paz duradera en Medio Oriente.

Tras lo sucedido, para el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, “Jerusalén está bajo ataque terrorista”. Lo cierto es que está fuertemente tensionada por la escalada de violencia que ha seguido a la reciente formación de un gobierno palestino de unidad que incluye a Hamas.

La actitud belicosa de Hamas tiene sus consecuencias. Una parte de la población israelí parecería estar cansado de los fracasos, dando ahora la espalda a la posibilidad cercana de paz. Esto es a la solución de la convivencia pacífica, bajo el esquema de dos Estados independientes.

Entre ellos aparece Naftali Bennett, uno de los líderes de la derecha israelí. Para él la solución es otra. Pasa por anexar la parte de Cisjordania en la que ya se han establecido asentamientos, en los que viven medio millón de judíos.

Y por conferir a los palestinos autonomía, no independencia, en el manejo de aquellos territorios de Cisjordania y Gaza en los que la población palestina sea mayoritaria. Esto porque, ante la evidente imposibilidad de avanzar en dirección a la paz, convivir con una suerte de "estado de guerra" parecería inevitable.