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Alberto Soria

El vino y sus listas

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Mírelas y sonría. La gente culta sabe que ellas no esperan de usted otra cosa. Esas son listas, no vinos.

Cuando le dicen cuáles son las botellas “más caras del mundo” no están hablando con usted.  Le hablan a la curiosidad. Al ego. A quien chapea, no a quien pregunta por lo mejor. Cuando algunas publicaciones hacen las listas de las personas con más dinero en el mundo, hablan de eso. De dinero, de fortuna ajena, no de vino.

La cultura del vino no hace listas Hollywood para presumir. Esa extravagancia sirve al entretenimiento, al chisme de la prensa rosa, al circo. A quien se desespera por llamar la atención, no a la cultura del disfrute.

Las top-ten en dólares, ni siquiera les hablan a los súper-conocedores (en el supuesto de que si esta categoría existiese). Le hablan al que no sabe. No a quien sabe, y por tanto no necesita que le digan cuáles son las botellas.

I

Entonces se pregunta el ciudadano que busca blancos o rosados para un plato de pescado ¿qué utilidad tienen?

Sirven para algo que ya la pintura descubrió en el siglo XX: Hay mucha gente, con mucho dinero, que necesita disimular que no sabe, y al mismo tiempo llamar la atención. Que lo aplaudan y respeten, no por lo sabe sino por lo que tiene. Entonces se convierte en coleccionista. En este caso, en dueño de botellas caras, que no descorchará, sino para presumir.

Así a partir de los 90, nacieron los personajes que llenarán las listas de compradores “solo” de vino caros, de montos absurdos, para coleccionar y exhibir, no para beber. Decenas de miles de pensionistas, nuevos ricos y amantes despistados de castillos de Burdeos, alimentaron las listas de estafados. Y de “coleccionistas de vinos” famosos.

Así, ya multimillonario en una sociedad comunista, el gran fabricante de juguetes sexuales de China logró aparecer encabezando una lista respetable que podía publicarse en Instagram de “las mayores fortunas del vino”

II

En 2015 las cortes del Reino Unido, Estados Unidos y Francia enviaron a la cárcel, multaron y suspendieron licencias de venta a decenas de estafadores. Nunca antes en ésa dimensión, el vino figuraba como objeto de codicia o inversión en la historia moderna.

¿Cómo hizo Rudy Kurniawan para vender tantos millones en dólares de vino falso en Estados Unidos? Fácil. Le vendió a quienes compran etiquetas, no vino.

Quienes entran o salen del top ten de los bi-millonarios.