• Caracas (Venezuela)

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Lorena González

Tras el vínculo secreto de lo inmaterial

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Uno de los puntos críticos de los registros oficiales de la cultura es la pérdida de manifestaciones no registradas por los grandes relatos del arte o por los monumentos representativos de las civilizaciones originarias. El poder de lo legítimo siempre impera sobre las propias versiones de su legitimidad en un canon que apunta a las prioridades, lecturas, afirmaciones y sentencias de quienes ejercieron el dominio en períodos específicos. Sin embargo, en nuestros días, y gracias a las posibilidades de apertura que la globalización ha extendido a documentos, memorias, imágenes y relatos perdidos de la humanidad, se ha constituido un  valioso grupo de nuevas circunstancias que han aclarado algunas zonas oscuras, entrelazando la configuración potencial de un nuevo relato.

                Dentro de estas tejeduras sobresale la atención que se ha puesto  a nivel mundial sobre las tradiciones inmateriales: enlaces de una sensibilidad común y una forma especial de mirar al mundo que se transmiten de generación en generación. En el año 2003 la UNESCO decidió aprobar la apertura de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial dentro de sus asignaciones, con la mirada concentrada en resguardar, divulgar y reconocer expresiones vivas de carácter intangible en las que tradiciones orales, ritos, festividades, prácticas sociales, saberes y destrezas, enaltecen los valores de un determinado grupo social. Fue así como el 06 de diciembre del año 2012, Los Diablos Danzantes de Venezuela fueron galardonados con la categoría de Patrimonio Cultural  Inmaterial de la Humanidad.

                Reconociendo el significado de este suceso, Banesco decidió contribuir al estudio de nuestra memoria viva a través del proyecto editorial El lenguaje de los diablos, publicación presentada el pasado jueves 11 de junio en los espacios de Ciudad Banesco. Con la producción editorial de Sergio Dahbar, la dirección de arte de Víctor Hugo Irazábal, la selección fotográfica de Nelson Garrido, los textos de Rafael Osío Cabrices y el diseño gráfico de Orlando Luna, se produjo un libro que amplificó sus límites testimoniales para acercarse desde sus propios aspectos formales y conceptuales a la trama viva y sonora de cada una de estas cofradías, reuniendo la labor de una amplia cantidad de creadores (Juan Liscano, Alfredo Armas Alfonzo, Carlos Cruz Diez, Francisco Edmundo “Gordo” Pérez, Antonio Briceño y Jorge Luis Santos, entre otros) que han revelado a través de textos, crónicas e imágenes el impacto sensible y la carga simbólica de esta valiosa tradición venezolana.

                Las danzas de los diablos del Corpus Christi son la afirmación de una práctica religiosa en la cual nuestro sincretismo cultural le rinde culto al Santísimo Sacramento con la finalidad de recrear el triunfo ancestral del bien sobre el mal. En los momentos efímeros que vivimos, contaminados por una cultura fugaz de la información donde la ligereza y la saturación levantan y derrumban con la misma velocidad protagonismos y prioridades, encontrarnos que este libro nos conecta con otra forma de palpar el rumor de aquello que no podemos visualizar pero que es parte esencial de nosotros; tres hilos anclados en la brevedad y la permanencia de ese algo tan venezolano que estas once cofradías reconocidas por la UNESCO constituyen: la fuerza del nexo, la diversidad en la fe y el respeto a la identidad particular dentro del todo… valores fundamentales en el desarrollo de un país.