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Andrés Candela

El video de Pacho Santos

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A Pacho Santos siempre le han criticado su carácter, sus “salidas en falso” y sus “cambios de opinión”. No obstante –en un país en el cual siempre sobrará quien lance la primera piedra por estar libre de culpas–, cabe preguntar: ¡¿cuántos políticos han salido también a poner la cara, asumir sus culpas y pedir disculpas cuando se han equivocado?! ¡Pocos! Entre esos, Pacho Santos. La mayoría se esconden mientras la tormenta (el escándalo) pasa.

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En 1991 yo vivía en aquel Medellín que siempre encabezó las primeras páginas de los periódicos nacionales, y Pablo Escobar y su recua de matones seguían siendo los protagonistas de aquellas informaciones que llegaron casi a postrar al país, arrodillaron el gobierno de turno y hasta cambiaron mis horarios de entrenamiento de fútbol porque uno de los susodichos tenía por costumbre hacer la siesta a la hora que nosotros entrenábamos y su apartamento quedaba al frente de la cancha; además, cuando el ‘patrón’ de pacotilla quería entretenerse había que preguntarle a qué horas quería ver el partido desde su balcón, todo esto al mejor estilo de un Nerón criollo. Hasta las mínimas costumbres –por caprichos de estos especímenes– se fueron modificando poco a poco sin que nadie dijera nada, pues todos sabíamos cuál era el precio por decir, mencionar o sugerir.

Por fortuna aún había periodistas y columnistas dispuestos a no dejarse amedrentar, pero el 19 de septiembre de 1990, Pacho Santos, siendo uno de esos, fue secuestrado para presionar al gobierno frente al tema de la extradición de narcotraficantes hacia Estados Unidos. Hoy en día, ese mismo tema, con tan irrisorias condenas, parece un chiste de muy mal gusto.

De esta historia surgiría cinco años después el libro ‘Noticia de un secuestro’ de Gabriel García Márquez. Recuerdo que –palabras más, palabras menos–, en un fragmento Pacho Santos relataba cómo intentaba buscar una salida cuando sus secuestradores se habían quedado dormidos; luego, uno de ellos lo vio caminando a oscuras por la casa y le preguntó: “¿Usted qué estaba haciendo?” “¡Pues cagando!”, respondió él.

Después de ser liberado el 20 de mayo de 1991, Pacho Santos escribió “Carta a un secuestrado”; la respuesta, ¡inminente! Muchas personas se sintieron por primera vez identificadas y cobijadas ante la ausencia del Estado y surge la fundación País Libre, la cual convocó las primeras marchas de rechazo contra el secuestro. Posteriormente, Pacho Santos promovería el Mandato Ciudadano por la Paz, la Vida y la Libertad. Para 1999, siendo también uno de los fundadores del movimiento ¡No Más!, participó en una marcha contra el secuestro de la iglesia La María, y el movimiento siguió creciendo a tal punto que la propia revista Semana se refirió a Pacho Santos como “el Quijote de la Marcha”.

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Pues bien, aun con todo este historial de buenas acciones, Pacho Santos meditó su silencio después de la convención, esperó a que “la espuma bajara”, tomó una decisión, rumió sus opiniones, limó asperezas y realizó un video; la respuesta, también inminente como cuando escribió su columna después del secuestro y con piedras de sobra en la cantera Twitter, donde todos posan de inocentes, justos e investidos de verdades absolutas.

No soy yo su conciencia para juzgar sus cambios de opinión. Este es un antiguo dilema que nadie resolverá nunca; es también una trampa de buitres porque cada opinión y respuesta lleva consigo la reclamación de aquello que fue nuestra primera opinión. ¿No se trata de esto la evolución? Reconocer, cambiar y aceptar.

P. S.: El ancla de nuestros errores nunca dejó zarpar todas nuestras aspiraciones.

@andrescandla