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Luis Ugalde

No hay vida sin reconciliación

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Chávez ganó con votos, no con trampa en las máquinas. ¿Pero con qué usos y abusos consiguió parte de esos votos? La dirigencia opositora supo de su derrota temprano en la noche antes del primer boletín del CNE cuando empezaron a llegar las informaciones de sus testigos y miembros de mesas y los conteos rápidos sustituyeron a los alentadores exit polls.

Capriles en la derrota mostró un temple político y espiritual más extraordinario que en su admirable campaña. En la mañana del 7 los venezolanos tuvimos motivos de agrado por la concurrencia, la paz y el respeto; no tanto en la tarde y en la noche. Lo que es totalmente inaceptable en una democracia es el descarado abuso de los recursos del Estado por parte de la candidatura gubernamental, delitos continuados contra la Constitución y básicos principios éticos: uso del dinero público, chantaje, calumnia, miedo y coacción. Por ello el voto de varios millones no fue verdaderamente libre, y sin la amenaza hubieran votado de otro modo. El Gobierno sabía y sabe que sin esos atropellos el voto libre favorece a la alternativa democrática; y echaron el resto. Creo que éste es el duro cuadro real. La democracia venezolana está atrapada por una monstruosa apropiación partidista; es recuperable con realismo, conciencia y mejor trabajo, no con culpabilizaciones de despechados y menos con la siembra de “nunca más votar”.

La maquinaria de los ganadores funcionó con mucha eficacia en la tarde del 7, ayudada indebidamente por la computadora registradora de cédulas y votantes implantada a la entrada del recinto electoral y conectada para el acarreo coactivo de la gente. Es impresionante la voluntad y el esfuerzo físico y mental del seriamente enfermo Chávez y explicable la gran debilidad de millones de votantes pobres sometido vitalmente a las ayudas, imposiciones y amenazas del Gobierno-Estado. Miles de millones para aliviar la pobreza y no para superarla, mantienen la esperanza de muchos. Otros votaron por miedo a perder lo que se tiene y por la errada convicción de que el voto no es secreto.

En el extraordinario esfuerzo unitario por rescatar la normalidad democrática hay que resaltar junto con Capriles el nombre de Ramón Guillermo Aveledo, con muchos equipos de trabajo y millones de ciudadanos que se unieron. ¡Extraordinario!

La multimillonaria gestión fracasada ganó con una maquinaria eficaz en el uso de todo el poder del Estado y violación de derechos y de la Constitución. Tenemos un país que se cae a pedazos bajo un gobierno inepto con un poder concentrado frente a unas tareas gigantes que sólo son enfrentables exitosamente con un país reconciliado y decidido a sincerar la realidad. En el abismo entre el discurso y la realidad, la ineficiencia y la corrupción se reflejan en escuelas, hospitales, viviendas, empresas y servicios básicos, en la ruina de las empresas de Guayana, en Agropatria o en las terribles revelaciones-confesiones de Aponte Aponte y Makled. No hay salida para la pertinaz mayor inflación de América Latina, el alarmante endeudamiento, el déficit fiscal y la devaluación inevitable, sin el rescate de la dinámica productiva con cientos de miles de empresarios con inversión, creatividad y millones de trabajadores bien remunerados, unidos en la transformación educativo-productiva del país.

La trágica violencia desatada, que secuestra y mata, requiere valores de amor al prójimo y una política coherente en todos los frentes. Nada de esto es posible sin una reconciliación nacional que incluya en cada área las mejores fuerzas y talentos, y una conversión espiritual y reconocimiento del otro, en toda su pluralidad. Empezando por los presos políticos. Lamentablemente, los “revolucionarios” están atrapados en su afán de implementar un fracasado modelo estatista totalitario a la cubana, para una imposible sociedad sin propiedad, ni iniciativa no estatal ni autonomía personal solidaria. Ellos no pueden reconciliarse con los “enemigos” sentenciados a desaparecer. Así, el desastre está garantizado y continuará la agonía de una sociedad profundamente enferma con un Presidente enfermo. Duele escribirlo.

No hay vida nacional sin reconciliación con el otro y apertura a un horizonte no totalitario. El cambio lo haremos más pronto que tarde los demócratas de todos los colores.