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Franck Viloria

Una vida (III). Gabriel García Márquez

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Con este artículo finalizo los comentarios sobre la biografía de Gabriel García Márquez escrita por Gerald Martin y publicada por la Editorial Bloomsbury de Inglaterra. Quiero reseñar aquí las mejores anécdotas que, a mi juicio, están en el libro, el cual constituye uno de los mejores que he leído, ya que no solo me ha dado placer descubrir el método de investigación para una biografia, sino constatar que te conduce más allá de un simple momento en la vida del biografiado, a partir del cual profundizar y develar sus repercusiones políticas y literarias. Por ejemplo, la descripción del tiempo cuando GGM comienza a escribir Cien años de soledad hasta su final: cambia el ritmo del escritor y del biógrafo, il tempo de ambos entra en una aceleración in crescendo, que termina en un acto de ternura y humildad, descrita de tal manera que no tiene parangón con otro éxtasis; la odisea de terminar la obra llevó consigo todas las emociones y aun más que en la novela misma, termina la sinfonía con una ovación de pie. El análisis literario que hace Martin al tiempo que describe las estructuraciones de GGM nos lleva a entender lo laborioso del trabajo que asumió el autor.

Existen varios momentos cruciales en el desarrollo de GGM como escritor. El primero se evidencia cuando su madre, Luisa Santiaga, quien lo busca en Barranquillas para que la acompañe a Aracataca para la venta de la casa del Coronel: “…Caminando por las calles desoladas de un pueblo fantasma, me encuentro con una casa en ruinas, la cual no se parecía en nada a los recuerdos romantizados que creó mi imaginario, decido poner a un lado la escritura de la novela ‘La casa’ y comencé a escribir La hojarasca, construyendo un pueblo imaginario que resultó ser Macondo”.  Otro momento que evidencia su gran talento como escritor fue cuando regresa a Bogotá y trabaja para El Espectador, donde se aburre de sus funciones hasta que se hace cargo de la crítica cinematográfica. Este desempeño le da renombre y lo consideraron uno de los mejores en América Latina. Luego en su primer viaje a Europa vive mayormente de las críticas de los festivales de cine a los que asistía. También descubre que el era solo un costeño, ni siquiera era un colombiano y mucho menos un latinoamericano. Encuentros, lecturas sobre nuestro subcontinente lo convierten y orgullosamente dice que allá, en Europa, se graduó de latinoamericano.

El Gabo tuvo un tórrido romance con la actriz y escritora española Tachia Quintana, residenciada en París. Vivían muy precariamente, sin dinero alguno. Ella sale embarazada de él, discuten su situación y ella toma la decisión de terminar el embarazo. Dice Tachia: “Él no tomó partido y yo asumí lo que tenía que hacer (…) Me pude haber casado con Gabo, pero en ese momento lo creí un irresponsable, la ironía de la vida es que hoy él es uno de los mejores padres que conozco”. Durante una de las muchas entrevistas entre Martin y GGM, el biógrafo le sugiere: “Gabo, hablemos de Tachia Quintana”, su respuesta fue un rotundo no, y continuó: “Todos tenemos tres vidas: la privada, la pública y la secreta”.  El biógrafo viajó entonces a España y se entrevistó con Tachia, quien le habló ampliamente de su relación con GGM. Durante este tiempo, Gabo escribe El coronel no tiene quien le escriba, cuya estructuración lleva a cabo con las memorias sobre su niñez, con un alto contenido de ficción donde incluía el desarrollo de su vida en Europa. En 1957 comienza a trabajar en Caracas y en 1958, tres días después de la caída de Pérez Jiménez, visita el Palacio de Miraflores y entrevista al viejo mayordomo, quien ha estado más de cincuenta años en su cargo: “Su añoranza por los tiempos de Gómez y Pérez Jiménez me hizo pensar que existía una relación fuerte entre los dictadores y el pueblo, es en ese momento que decido escribir mi segunda novela más importante, El otoño del patriarca”, la cual escribe quince años después.

Finalmente, me interesa destacar la opinión de GGM sobre cuál es la mejor forma de gobierno: “Ni el comunismo soviético, ni el socialismo comunista de los países de Europa Oriental, ni las dictaduras de derecha, la mejor forma de gobierno es el socialismo democrático de verdad”.