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Leopoldo López Gil

Las víctimas ignoradas

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México se conmovió ante sacrificio de 43 estudiantes. Venezuela ignoró la muerte de 41 presos. Sin consecuencias. Siguen sin  aclarar las muertes de los participantes en las protestas de Valencia; los asesinatos ocurridos a las puertas de la Fiscalía. Charadas judiciales, y testigos amañados tratan de hacernos olvidar.

Amnistía Internacional presentó en Madrid una compilación de pruebas con documentos, de torturas, abusos, detenciones arbitrarias, indefensión y violaciones de derechos humanos por el gobierno venezolano contra  manifestantes.

En el primer trimestre las protestas dejaron un saldo de más de 550 personas heridas por armas de fuego y 2.157 detenidos, de ellos tan solo 66 han salido liberados incondicionalmente; Amnistía recibió decenas de denuncias de torturas y tratos inhumanos contra los manifestantes por las fuerzas del orden. Muchas víctimas, temiendo represalias no denunciaron los maltratos.

Oscuro como el genocidio de Uribana, más es la trágica historia de Geraldine Moreno, muerta tras recibir el impacto del disparo de perdigones a solo 30 centímetros. Triste testimonio el de Janet Frías, madre del joven Bassil Da Costa, muerto por un tiro a la cabeza. Muertes no accidentales, asesinatos ordenados y programados que no pueden olvidarse.

Amnistía asegura que los tratos crueles infligidos a detenidos, tenían como fin castigar por la participación, o supuesta participación en las protestas. Las denuncias recibidas incluyen casos de palizas, patadas y golpes contundentes, aun cuando la víctima se encontraba restringida en el suelo. Casos de jóvenes obligados a permanecer de rodillas durante horas en los centros de detención, abusos sexuales y amenazas de violación. Testimonios públicos de crueldad como el de Daniel Quintero, estudiante arrestado en Maracaibo, y las torturas a Raúl Baduel en la prisión. Recientemente, inexplicables detenciones y prisiones clandestinas de Gilberto Sojo y Gerardo Carrera, quienes permanecen incomunicados. Terribles torturas con la única intención de quebrar a opositores, defensores de derechos humanos, periodistas y medios de comunicación no complacientes; todos acosados, atacados y sometidos a censura. Luis Gutiérrez, estudiante de la UCV, luego de recibir una paliza por hordas pro gobierno, dijo: “Ahora más que nunca nuestro lugar está en la calle”.

Es obligación de todo respetuoso de la Constitución y creyente en la libertad, exigir respuestas a estas desgracias, condenas a culpables, y por encima de todo mantener viva la memoria de estos hechos y sus víctimas. Estos crímenes no se ignoran.