• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Perkins Rocha

¿Dónde estamos?

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Próximos al inicio de la vivencia real de las razones que desembocarán el desenlace. Fíjese usted que no me refiero al final de la agonía, del drama o de la tragedia, no. Me refiero al inicio de la comprensión de las razones que nos  aproximan al fin de este tenebroso ciclo. Algo así como el chispazo feliz que alguien recibe y empieza a ver con absoluta claridad lo que antes era oscuro y tenebroso. Es cuando, cercano a las últimas escenas del final de la película, empezamos a comprender las razones de la intriga que nos mantuvo dándole vuelta a la cabeza desde la mitad de la cinta. Es el momento en que descubrimos el “porqué” de los obstáculos por los que tuvo que sortear el protagonista y empezamos a percibir en su exacta dimensión la profundidad del drama que ha transcurrido.

Pronto descubriremos que nunca tuvimos noción real de lo que teníamos por delante pues, en la primera –y más larga– etapa, fuimos espectadores de un mago, que si bien no siempre dominó la escena, tuvo la suerte de ser el centro del mayor número de factores, humanos y económicos, que mantuvieron al público del circo atento. Todo giraba en torno a él. Sin embargo, estas condiciones cambiaron radicalmente: ahora todo debajo de la carpa luce viejo o dañado; los malabaristas se resbalan y caen sobre mallas rotas; algunos en el elenco se niegan a realizar los actos y varios detrás de las bambalinas fueron atacados por los leones, quienes hambrientos están a punto de comerse a sí mismos. Los payasos repiten chistes predecibles por el público y se les nota un cansancio incapaz de animar ni a los menores. El público adulto se ha quedado solo, pues lo mas jóvenes no aguantaron y se fueron o están en tránsito. A los viejos solo los mantiene la esperanza de que algo sorpresivamente haga cambiar repentinamente el espectáculo.

¿Qué debemos hacer mientras el país se derrumba? Definitivamente, pensarlo y repensarlo. Próximamente, luego de transcurrir la parte más pesada de la noche –en la que tan solo recién empezamos a caminar, pero a solo tres horas de la madrugada– saldremos de la oscuridad y llegaremos a una etapa en que no tendremos tiempo para la reflexión. La reconstrucción inmediata y urgente del país nos demandará acciones y respuestas que desplazarán las oportunidades para penetrar los pensamientos. Por eso, es necesario aprovechar este momento al máximo, porque pudiera ser nuestra última oportunidad. Este es el tiempo, en consecuencia, de estudiar para no olvidar lo que fuimos, cómo llegamos aquí y qué errores cometimos. De revisar otros modelos y experiencias de desarrollo y de cambio. Compararlas y especular cuáles sí o cuáles no son adaptables.

Este, por cierto, es un tiempo de élites pensantes. Usted que me lee lo es, pues no forma parte del 70% del país que en este momento tiene que sobrevivir con la terrible decisión de escoger cuál de las tres comidas diarias dejará hoy o próximamente de hacer. Si lo fuera, no estuviera leyendo este artículo sino involucrado por su supervivencia y la de su familia, en cualquiera de las formas extremas e inhumanas en que este gobierno nos ha enseñado a malvivir. No se las enumero. Usted las conoce.

Los políticos a hacer política en la calle y a confrontar las realidades a los aún no convencidos. La sociedad civil a entrelazar los lazos de solidaridad y reflexión sobre las salidas. El tiempo que nos queda para hacerlo es muy corto. Pronto se agotará.