• Caracas (Venezuela)

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Vladimir Villegas

Que esta vez sea diferente…

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El logro de acuerdos para enfrentar y derrotar la inseguridad, la violencia y la cultura de la muerte es un objetivo difícil de alcanzar, pero lo que hemos visto en los últimos días nos da señales que permiten un optimismo, aunque sea moderado, sobre la posibilidad de que nos elevemos por encima de diferencias políticas, ideológicas, religiosas o de cualquier otra naturaleza y trabajemos conjuntamente para defender la vida y promover la paz como un valor esencial en la sociedad.

¿Cómo no ser optimistas cuando vemos al ministro de Interior, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, en una larga jornada de trabajo junto al gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles, y los alcaldes de los 21 municipios mirandinos? Eso es precisamente lo que la mayoría de los venezolanos espera de sus gobernantes. Sobre todo frente a la terrible y permanente amenaza de la delincuencia que no se conforma con robara sino que no duda en arrebatar vidas humanas como si se tratara de billeteras, relojes o cadenas.

Estos primeros pasos deben ser cuidados y alentados, para que no se queden a medio camino y deriven hacia nuevas frustraciones, como ya ha ocurrido en otros momentos. La colectividad nacional no espera otra cosa sino medidas concretas, apoyadas por todas las instancias, por todos los poderes y por todas o la mayoría de las corrientes políticas, por instituciones como la Iglesia, las universidades, las asociaciones vecinales, los consejos comunales, los tribunales, las organizaciones de defensa de los derechos humanos, los sindicatos, los centros de estudiantes, las asociales gremiales y profesionales, los empresarios, los jóvenes, los grupos musicales y asociaciones culturas, y por supuesto, los medios de comunicación social, sus propietarios , sus trabajadores.

Derrotar la violencia, lograr que la vida sea valorada y respetada, rescatar los espacios públicos para que podamos salir a la calle a cualquier hora y sin miedo es una tarea fundamental de todos los habitantes de la Venezuela de hoy. Unos tienen más responsabilidad que el resto, porque han sido elegidos para gobernar, y designados para tomar las decisiones que garanticen la seguridad de la ciudadanía, pero todos podemos y debemos fortalecer esa pequeña llama de esperanza que se enciende cuando los líderes políticos, muy dados a la confrontación, son capaces de pensar y actuar sin cálculos subalternos.

No es ni será un proceso fácil porque hay en frente un serio problema ante el cual hay distintas visiones, pero hay iniciativas elementales que seguramente pueden acercarnos a algunos consensos. Por ejemplo, la coordinación policial, la depuración de los cuerpos de seguridad para expulsar de su seno a quienes tienen “doble militancia”, porque si bien pertenecen a alguna institución policial también tiene vínculos con bandas delictivas. Hay un tema polémico y es la decisión adoptada en algunas regiones de prohibir la circulación de motorizados a partir de las nueva de la noche, y en el caso del Estado Anzoátegui, se ha extendido esa prohibición a los menores de edad, a menos que estén acompañados de sus representantes.

En lo particular, no criminalizo a los motorizados, pero es innegable que hay que tomar medidas para reducir drásticamente los delitos que cometen parejas que circulan en motocicletas.

También es importante no perder de vista que en algunos sectores de la población está tomando algún cuerpo, tímidamente, por fortuna, la idea de que debe aplicarse la pena de muerte. En nuestro país es imposible aprobar una legislación en esa dirección, porque lo impiden la Constitución y los acuerdos y tratados firmados por el país. Y de paso ninguna estadística demuestra que su aplicación haya contribuido a rebajar la incidencia delictiva. Así que nada con la pena de muerte ni con grupos que quieran tomar justicia por su propia mano. Es posible derrotar la delincuencia, vencer la cultura de la muerte y promover la vida desde la Constitución y las leyes. Toca demostrarlo. Ese es el reto.