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Guillermo Cochez

Los verdaderos héroes del canal

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Cuando hace 500 años Vasco Núñez de Balboa cruzó las espesas selvas del Darién desde el Caribe para avistar el océano Pacífico gracias a que los indios originarios de esas tierras le habían explicado su camino, incluso sirviéndoles de guía, no perdió un solo hombre en su expedición de varias semanas. No se hubiera imaginado que cuatro siglos después en la construcción de la vía interoceánica se hubiesen perdido tantas vidas por lo inhóspito de la tropical selva panameña.

Esas vidas perdidas por la malaria, cólera, fiebre amarilla, tifoidea,  malnutrición, tuberculosis, disentería, la inmundicia y los accidentes laborales, en su gran mayoría fueron de las Indias Occidentales, llegadas, primero durante la construcción del ferrocarril de Panamá a mediados del siglo XIX y, luego a su final, durante la construcción canalera que iniciaron franceses y culminaron estadounidenses. Era la mano de obra más barata y por su color los que menos podían exigir de acuerdo con las reglas de franceses y estadounidenses.

Sin embargo, en el otorgamiento del mérito de la construcción del Canal no se menciona por ningún lado a los afrodescendientes que, provenientes de islas del Caribe, pagaron con su vida cada riel del ferrocarril que se construyó y cada roca de la vía que hubo que excavar para que finalmente en 1914 el istmo se pudiese atravesar en horas del Atlántico al Pacífico.

Si bien fue Carlos V, el monarca español en el siglo XVI, el que ordenó los primeros estudios, es el Conde Ferdinand de Lesseps con su genialidad, luego de su triunfo en la construcción del Canal de Suez, quien se recuerda como gestor de la decisión de construirlo. El presidente Theodore Roosevelt, con su particular estilo de gobernar, será rememorado por haber tomado la decisión de hacerlo por Panamá y no por Nicaragua, como el Senado estadounidense y los técnicos habían aprobado. A Philippe Bunau Varilla, porque con su tenacidad como el que convenció al Imperio de que cambiara de opinión. El coronel John Goethals porque con su gran poder de mando logró concluir las obras antes de lo previsto sin una gota de corrupción, aquella que en exceso había ahogado a los franceses. A sus ingenieros, brillantes en la invención de máquinas y herramientas que facilitaron la obra. Al doctor William Gorgas, porque con sus conocimientos médicos logró erradicar del istmo canalero la gran cantidad de enfermedades que tantas muertes habían causado.

Pero que pasó con todas esas vidas de trabajadores y sus familiares de origen negro caribeño que, por las condiciones insalubres que vivían diferentes a las de los gringos, así como la diferencia en su alimentación, fueron más aptos para contraer las enfermedades donde murieron más de 25.000, según algunos; de acuerdo con el doctor Gorgas, más de 22.000; y según cifras oficiales de los hospitales un poco más de 5.300, de los cuales eran 4.500 antillanos y 350 estadounidenses. Si es la cifra mayor, serían un muerto por cada 3 metros de construcción.

En el centenario del Canal sería prudente que, en su justa perspectiva, se honre a quienes con su sangre y esfuerzo hicieron posible la construcción de la magna obra de ingeniería que tanto lustre le ha dado a nuestro Panamá. Muchos de los panameños compatriotas son descendientes de esos héroes, la mayoría de los cuales completamente anónimos.