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Antonio Ledezma

Los verdaderos atentados

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Las verdaderas víctimas de “atentados” están en los hospitales del país. Los centros de salud de toda Venezuela presentan una evidente crisis por múltiples carencias, entre las que se encuentran fallas en la infraestructura, lo que tiene fuera de servicio los pocos quirófanos, o en otros casos no cuentan con insumos indispensables, o no tienen medicamentos o el personal es insuficiente.

Esas deficiencias retan diariamente a los médicos, enfermeros, trabajadores en general de esos servicios a tener que hacer auténticos “milagros” para salvar de la muerte a miles de ciudadanos que acuden a esos dispensarios a buscar atención elemental.

La crónica que leí la semana pasada en el diario El Universal, resume esta desdicha: “La falta de fármacos e insumos médicos no conoce de fronteras. Pacientes viajan o recurren a conocidos en el extranjero para que les consigan esas pastillas que les garanticen la vida o el kit indispensable para someterse a una cirugía”.

Y ante esto ¿qué hacen los jefesotes del régimen? Aja, están agarrados fuera de base, porque se encuentran al descubierto con sus peripecias tratando de seguir engañando a la ciudadanía. Vuelven otra vez con la pauta del magnicidio. Los enfermos tienen que hacer cola para morir, tratando de obtener los medicamentos que no se producen en Venezuela y que no estamos en capacidad siquiera de importar. Esa es la verdadera amenaza que atenta contra la salud de los ciudadanos, mientras Nicolás Maduro vuelve con su opereta del magnicidio.

Otra manera de atentar contra la vida de la gente ocurre con la escasez de agua. Así como lo leen. Hay familias que no reciben agua potable en este país que tiene inmensas riquezas petroleras. Basta con leer las declaraciones del ingeniero José María de Viana, en las cuales refiere lo que llegó a ser Hidrocapital entre los años ochenta y noventa. Esa institución –señala De Viana– “pasó de ser una empresa pública odiada por los usuarios a una empresa apreciada por sus clientes, y sin color político”. Pero luego de 15 años continuos de esta desastrosa administración, de nuevo el agua resurge como una de las dificultades sociales que estamos llamados a superar, no solo en Caracas, sino en todo el país. 

Esas son razones claras e inocultables para que la gente manifieste su protesta, ante la intolerancia de un régimen que niega ese derecho constitucional, y vemos entonces la represión brutal con que pretende silenciar a las comunidades que salen a las calles a reclamar mejores servicios. Pero la fiscal general de la república, Luisa Ortega Díaz, aseguró que “en Venezuela se garantiza el derecho a la protesta pacífica y sin armas. No se ha criminalizado la protesta. Las detenciones han sido por cometer delitos”. ¡Qué cinismo y descaro más grande!

Las noticias sobre atracos y homicidios están por todas partes, pero a Nicolás Maduro solo le interesa hablar de las supuestas amenazas de magnicidio en su contra. Mentiras y más mentiras. Lo que sí es real y cierto son las amenazas diarias con las que lidian los ciudadanos en cualquier rincón de nuestro país. “Le dieron ocho puñaladas para robarlo. Los sujetos que lo interceptaron, después de atacarlo, le robaron un celular y 500 bolívares que le había pedido prestado el primo para poder trasladar al estadio y asistir al juego de Cocodrilos y Trotamundos que se escenificó ayer. Murió en el sitio”. Ese sí es un atentado cotidiano en Venezuela.

Se trata de ciudadanos que mueren a manos de una delincuencia desbordada, mientras el régimen regala los dineros públicos, o se los roba o los distrae en negociados, tal como lo denunció Asdrúbal Oliveros, economista y director de Ecoanalítica, al momento de relatar la historia de las compras ficticias. Desde el inicio del régimen cambiario, informó Oliveros, se han presentado esas prácticas y cálculos de Ecoanalítica que revelan que entre 2003 y 2012 la sobrefacturación de importaciones no petroleras alcanzó los 69,5 millardos de dólares. La firma calcula que las importaciones públicas ficticias entre 2003 y 2012 fueron de 22,7 millardos de dólares. Las compras externas artificiales del sector privado alcanzaron los 46,8 millardos de dólares”. Tremendo atentado contra los dineros públicos.