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Fernando Ochoa Antich

La verdad que debe conocer Obama

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El importante viaje a América Latina que realizará el presidente Barack Obama, con la finalidad de visitar Cuba y Argentina los días 21 al 24 de marzo, es una hábil jugada política que tendrá, sin lugar a dudas, trascendentes consecuencias en la política interior y exterior de Estados Unidos. Llego a pensar que no solo se trata de consolidar el prestigio de Obama y del partido Demócrata en la región, sino que busca además influir en las cercanas elecciones estadounidense. El primer aspecto interesante es la escogencia de dos países con gobiernos tan distantes ideológicamente. Creo que es una manera de atraerse a un importante sector del pueblo norteamericano que desea la apertura hacia Cuba y al mismo tiempo tranquilizar a los grupos conservadores que pueden estar inquietos por ese viaje.

Me referiré en este artículo a la visita a Cuba y dejaré para la próxima semana mis comentarios sobre el impacto que tendrá el acercamiento de Estados Unidos con Argentina. No es fácil entender y aceptar el viaje a la isla caribeña. En cualquier evaluación que se haga influye de inmediato el concepto que se tenga de la revolución cubana. Sin duda, hay numerosas razones para ser un severo crítico de todo el daño causado al pueblo cubano y a la democracia. Tengo la experiencia personal de haber discutido en 1993, como canciller de Venezuela, con Fidel Castro, por varias horas, sobre una posible transición hacia la democracia. Esa conversación es importante reseñarla. Hay también que valorar las distintas posiciones que tanto Estados Unidos como Cuba buscarán imponer en dichas negociaciones. El diario Granma, órgano del partido comunista, mantuvo: “Cuba dará la bienvenida a Obama, pero no renunciará a ninguno de sus principios revolucionarios y antiimperialistas”. Al mismo tiempo, el presidente Obama, en una entrevista en CNN, afirmó que en la normalización de las relaciones con Cuba: “No se trata de hacer concesiones al régimen” y que “no ignora las violaciones a los derechos humanos y las limitaciones al ejercicio democrático”.

Mi visita oficial, como canciller de Venezuela a Cuba, había sido planificada antes del absurdo enjuiciamiento del presidente Carlos Andrés Pérez. En varias oportunidades conversamos sobre el tema y concluimos que la crisis económica que enfrentaba el régimen cubano, después de la disolución de la Unión Soviética y la eliminación del subsidio económico, era un momento oportuno para plantearle a Fidel Castro una posible apertura política hacia un régimen democrático. Lamentablemente, la crisis política que vivía el gobierno del presidente Pérez no permitió que se realizara el viaje a principios de 1993. A mediados de julio de ese año conversé con el presidente Ramón J. Velásquez sobre dicho asunto. Llegamos a la misma conclusión. Viajé a La Habana el 14 de septiembre de ese año. Fui recibido por el canciller Roberto Robaina y nuestro embajador Gonzalo García Bustillos, quien ofreció una recepción en la noche, en mi honor en su residencia. De repente se nos informó que en pocos minutos llegaría Fidel Castro.

Lo recibimos en la puerta de la residencia. Mi primera sorpresa fue que solicitó que nos reuniéramos en un salón, sin interesarle estar en la recepción. Conversamos por más de cuatro horas. Al principio revisó los temas binacionales. De inmediato tocó el político. Me consultó sobre la estabilidad del gobierno de Venezuela. Le respondí largamente. La conversación languideció un poco. Aproveché la oportunidad para colocar como centro de la discusión la necesidad de una apertura política en Cuba. Me explicó que después de la caída del Muro de Berlín, él había reflexionado largamente: “Seguí con mucho interés el proceso de la Perestroika y del Glasnost en la Unión Soviética. Fíjese en el fracaso de Gorbachov. Me gusta más la experiencia de China. Han logrado un gran éxito económico sin comprometer la estabilidad del régimen comunista. Definitivamente Deng Xiaoping tiene un mayor sentido político. Gorbachov es un iluso. Yeltsin asegurará el poder. El tiempo de Gorbachov terminó. El es responsable de la destrucción de la Unión Soviética”…

Mi respuesta fue terminante: “Tratar de comparar el proceso chino con el cubano es un absurdo. China está ubicada en el Asia; Cuba, a 90 kilómetros de Estados Unidos. Esta realidad geopolítica obliga a tomar medidas distintas. Seguir el ejemplo chino traería como consecuencia que la apertura política se desarrolle de forma espontánea perdiéndose la oportunidad histórica de realizar una exitosa transición”… Han transcurrido más de 20 años. Fidel Castro, en su momento, evaluó con acierto las posibilidades reales que existían para preservar el poder y el significado que tendría el triunfo de Hugo Chávez. Ahora, su hermano Raúl entiende que sin el apoyo económico venezolano no puede sostenerse y para reemplazarlo busca la apertura hacia Estados Unidos. Ese acercamiento tiene un solo objetivo: superar la crisis económica preservando el régimen totalitario. Esta realidad deben conocerla el presidente Obama y los sectores democráticos latinoamericanos. Por eso es necesario fortalecer la oposición democrática cubana, para que pueda tener alguna opción de poder al desaparecer los Castro y que la camarilla comunista intente preservar el régimen totalitario.

fochoaantich@gmail.com.

@FOchoaAntich