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Antonio López Ortega

Sobre el ser venezolano

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A las jóvenes parejas venezolanas ahora les gusta celebrar sus matrimonios a la orilla del mar. Es una onda que va creciendo y que contamina a los más conservadores. Se entenderá que en diciembre los ritos pululan por doquier, pues todos los novios quieren casarse en Navidades. La brisa, el olor del mar y la luna llena que ilumina la espuma de las olas siembra la escena de contrastes. Los fluxes de transforman en guayaberas, las mujeres lucen escotes más osados, las antorchas suplantan a los reflectores, los tacones se hunden en la arena. En una esquina, unos mesoneros preparan una paella; en la otra, se ofrecen cocteles de frutas; en otra de más allá, se reparten empanadas de cazón. En medio de la cornucopia, agradezco la presencia de un amigo que tenía tiempo si ver: es un buen conversador, pero quizás un mejor analista. Se nos hace inevitable caer en las municipales y reconocer el notable avance del voto opositor. En medio de la presión oprobiosa de todo un Estado sobre el elector disidente, los resultados son todavía más sorprendentes. Un contertulio que se acerca a nuestra mesa nos dice: “A la oposición le hace falta penetrar las zonas rurales”. ¿Zonas rurales?, me quedo pensando yo, como si estuviéramos en una contienda entre iguales, antes de que mi amigo salte a la palestra: “Nosotros ya no penetramos nada: ni fondos para una campaña, ni vuelos para un candidato, ni tribunas públicas para un discursillo, ni emisora de radio que te reciba, ni televisora que te entreviste. A un alcalde que gane en Maracaibo o Barquisimeto le toca mendigar ante sus propios medios locales. Queda claro que no somos nada, y, sin embargo, la nada conquista Barinas, Maturín, Valle de La Pascua, Valera, abriendo lagunas en estados que son rojos”.

Nos quedamos conversando después de que el contertulio se fuga hacia otra mesa. La noche se vuelve luminosa y las parejas bailan al fondo, semejando siluetas recortadas. ¿Cómo explicar que este grupo humano, que ahora festeja y sonríe, comparta el mismo país de los que mueren fulminados por una bala, de las que padecen cáncer de cuello uterino, de los que se enriquecen a diario con el erario público, de los que representan al país en una competencia deportiva, de los que venden su voto por 2.000 bolívares, de los que hacen cola para comprar electrodomésticos que el gobierno obliga a rematar, de los que ahora inundan los centros comerciales para vaciar las jugueterías, de las que ganan certámenes de belleza en Tahití o Mozambique, de los que padecen presidio por razones políticas, de los que crean a solas para que el país no sea solo una mueca superflua? ¿Dónde se pueden contener tantas diferencias, tantos puntos de vista, tantos pareceres, tantos gestos impulsivos?

Al borde de la medianoche, pareciera que los ánimos se agotan. Mi amigo sorbe un trago, busca con los ojos la luna llena en el cielo, y con lentitud me dice: “Yo creo que el venezolano ha cambiado para siempre”. Me quedo paladeando esa frase, sin poder emitir respuesta. ¿Para siempre? –me repregunto–. Pienso de pronto en los cantos de faena del campo venezolano, que daban cuenta de un profundo apego al trabajo; pienso en literatura folklórica que muchas veces revisé, donde valores como igualdad, libertad o sentido de pertenencia eran consustanciales a la nacionalidad; pienso en Blanco Fombona mientras escribía su Diario bajo un presidio impuesto por Gómez; pienso en el araguaney como árbol nacional, que florece en medio de la sequía más extrema; pienso en la Generación del 28, que aspiraba a la modernidad; pienso en la vida clandestina de tanto demócrata bajo la dictadura de Pérez Jiménez. ¿Adónde se han ido esos alientos? ¿Somos la gesta civil que ha ido forjando su destino o los peleles que esperan que el pan les caiga del cielo? En cada nueva medición, en cada encuentro, en cada debate, la pregunta se repite. Y entre lo uno y lo otro, alguna vez, tendremos que decidir: ojalá que sea por el impulso que traemos desde 1810 y no por las fantasmagorías tropicales que nos hunden en el barro.