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Jesús Durán Zorrilla

La vara que azota a Venezuela

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Visualizando un cambio de gobierno en un futuro no muy lejano (esperemos), porque en definitiva el sistema político y económico bajo el cual nos encontramos es insostenible en el tiempo; nosotros los nacidos en este país no nos hemos caracterizado por ser una población emigrante, más bien, hemos sido refugio seguro para muchas familias provenientes de distintas latitudes, que han contribuido de manera significativa a engrandecer a Venezuela.

Cuando escucho lo que me comentan aquellos que están fuera del país y me plantean la idea de irme, no puedo evitar incomodarme, a fin de cuentas, mi tierra es esta y no es mi deseo salir a aprovechar lo que otros han logrado edificar como nación, simplemente eso no me pertenece; y cuando veo a un extranjero en Venezuela levantándose temprano a abrir su negocio esa incomodidad se afirma pero a la vez me llena de gratitud porque: ese extranjero realmente ama a nuestro país y está del lado de la población que lo hace grande. Es el que está aquí comiéndose las verdes y las maduras, así no haya nacido en suelo venezolano.

La actitud ante la realidad que se nos presenta no es salir huyendo cuando las cosas se ponen difíciles, al menos eso no fue lo que aprendí de mis padres. El deber es dedicarnos a trabajar incansablemente para resolver, a fin de cuentas para eso están los problemas. Es nuestro país, es nuestra responsabilidad.

Sinceramente tengo la esperanza de que todos aquellos que se han ido lo hayan hecho con el ánimo de estudiar, formarse y producir para luego aportarle al desarrollo de Venezuela. Para aquellos que se fueron simplemente huyendo de la situación, nos encontrarán aquí con “heridas de guerra” por haber padecido las carencias económicas, alimenticias, de seguridad, entre otras; como un castigo colectivo aleccionador por decisiones políticas equivocadas de las cuales muchos de ellos también participaron.

Chávez fue la vara con la que hemos sido ajusticiados, y como si fuéramos animales azotados nos molestamos e intentamos atacar incesantemente esa vara. Pero no estamos viendo quién la está sosteniendo, ni quién da o dio los azotes. Como nación estamos siendo castigados por nuestros propios defectos y carencias humanas; y lo que vive el país no es más que un proceso de purga o expiación. Esa rama que ha azotado a Venezuela fue elegida por un pueblo movido por el deseo de venganza, el resentimiento, el complejo, la envidia, la ambición, la frivolidad, el facilismo, el irrespeto a las leyes, el oportunismo, el fanatismo y la idolatría. Hasta que no aprendamos la lección el país no va a cambiar. Mientras no aprobemos la materia la seguiremos repitiendo, hasta que aprendamos con todo el sufrimiento que ello implica. Porque así nos lo ha demostrado la vida y el mismísimo Creador.

Cuando hablamos de amor no es solo alegrías, también hay constantes situaciones difíciles que ponen a prueba las relaciones, y esos niveles de amor cuando son auténticos en definitiva elegirán por resolver los problemas; así ha sido nuestra relación con Venezuela, donde continuamos anhelando al ver a los demás como llevan sus vidas (caso de otros países) y salir corriendo hacia ellos, en vez de dedicarnos a resolver y poner orden en el nuestro, el que realmente nos pertenece.

Mientras no evolucionemos, no elevemos conciencia, difícilmente construiremos una mejor sociedad, y esto ya se trata de un trabajo personalísimo que no tiene que ver con los políticos, porque una cosa va primero que la otra. Donde hay niveles de conciencia y de buena educación en esa medida será la calidad de los políticos o de los líderes sociales que emergerán, y los demás ni serán tomados en cuenta, al menos no para ocupar posiciones de tanta responsabilidad que puedan afectar directamente el bienestar colectivo.

Cuando vemos a los actuales candidatos y a la dirigencia política en todos los espacios que ocupan en el gobierno, podemos evidenciar y cuestionar el hecho del por qué ellos dirigen los destinos de Venezuela y no los mejores hombres y mujeres de este país, que sí los hay y suficientes, pero no están al nivel de una población que prefiere a aquellos que representan lo peor de la venezolanidad. “La vara y la represión dan sabiduría (…)”. Proverbios 29:15.

 

jesusduranzorrillaprensa@gmail.com

@duranzorrilla