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Fernando Luis Egaña

La valentía de María Corina

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En nuestro país, una de las cualidades mejor valoradas en materia de liderazgo político es la valentía (ni que decir que la peor estimada es la cobardía). En otros países se pueden preferir otras cosas como la inteligencia crítica o la vasta cultura, pero en Venezuela la valentía es esencial. Y una característica indiscutible de la trayectoria pública de María Corina Machado es precisamente esa: su valentía política y personal. Lo ha demostrado con creces.

Fue valiente en la creación y la actuación de Súmate, acaso el enemigo público número uno de la ya hegemonía roja, hace más de una década. Por defender los menoscabados derechos electorales, la persiguieron sin cuartel y cuando estaban a punto de apresarla, le mandaron aviso para que se fuera del país, y se quedó. Desistieron, entonces, de encarcelarla.

Después le cayeron encima por el pecado mortal de haberse retratado con el presidente de Estados Unidos en la Casa Blanca. Los que le gritaban apátrida y entreguista a todo pulmón, no se les escuchó decir lo mismo cuando Chávez buscó fotografiarse con Obama en una cumbre hemisférica en Puerto España, Trinidad. Y María Corina no sólo ha sido duramente atacada desde el campo de la hegemonía, sino también desde algunos sectores del ensamble opositor.

Razón de más para destacar que ha sido valiente su desempeño político de estos años, y sobre todo su labor parlamentaria en la envilecida Asamblea Nacional. El oficialismo no le perdona que le haya expresado sus verdades al propio Chávez en una sesión de memoria y cuenta. Por cierto que en tal ocasión, el mandatario, a diferencia de muchos de sus acólitos, no perdió la compostura ante los certeros planteamientos de la diputada Machado.

Por todo ello y también por su valentía en las protestas de calle, es que sus enconados antagonistas del oficialismo la quieren ver tras las rejas y maquinaron sus desafueros y allanamientos. La excusa panameña del TSJ para darle cumplimiento a la orden política de Cabello-Maduro (en ese orden), merece sitial especial en los anales de la vergüenza judicial del país. Y mire que son unos anales que se las traen. En este caso, le arrebataron la investidura parlamentaria en un asalto político-tribunalicio que no resiste la más mínima prueba de constitucionalidad.

A la diputada Machado se le ha reconocido su conocimiento y su valoración de los temas nacionales, y me parece que ello se puso de manifiesto en la competencia de las primarias por la candidatura presidencial. Su perspectiva sobre la naturaleza del régimen que impera en Venezuela no ha sido, al menos hasta ahora, la predominante en los principales círculos de la oposición. Pero el proceder ostensiblemente represivo de Maduro y los suyos, debe estar cambiando esa situación.

De hecho, el propio acoso que ella padece es una evidencia del despotismo que destruye Venezuela. Y ese mismo acoso, o parecido, también lo padecen  los que asumen las protestas como una forma de lucha justa y legítima, sean estudiantes, vecinos, voceros sociales, profesionales, dirigentes políticos, ciudadanos críticos.

Los perseguidores rojos de la diputada Machado, amparados por el poder de la satrapía, están decididos a liquidarla en lo político y doblegarla en lo personal. No conseguirán ni lo uno ni lo otro. La valentía de María Corina, alimentada por la solidaridad venezolana, no lo permitirá.