• Caracas (Venezuela)

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Gustavo Tovar

Las vacas cansadas de la MUD

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Las víboras

Si uno fija la mirada con detenimiento mientras cualquier chavista vocifera sus ponzoñosas arengas, notaremos que sus lenguas son víboras dispuestas a morder y a clavarnos su veneno.

Presten cuidadosa atención a lo que digo y lo advertirán.

Cuando hable un chavista, especialmente Maduro o Cabello, vean emerger una macagua de su boca, sus colmillos afilados, su lengüeteo agitado, la mirada encrespada de serpiente brava, a punto de morder, que quiere hundirnos su muerte roja.

Son víboras que quieren picar y entumecer hasta el fallecimiento la dignidad del pueblo venezolano -principalmente de sus estudiantes- porque se rebela, porque no le temen, porque los retan.

Porque resisten.

 

Las vacas cansadas de la MUD

En mi alegórico título no denominé a las vacas de la MUD como sagradas porque estrictamente no lo son. Se sienten sagradas, sí, pero no lo son. No han hecho méritos para serlo y en cualquier caso, en una nación blasfema y jodedora como la nuestra, no les duraría mucho el tributo.

(Saldría un Tovar cualquiera a deshuesarlas, cortar sus pellejos, filetearlas, convertirlas en picadillo para albóndiga o en carne desmechada, es decir, en alimento popular. Toda una apostasía).

En la India, donde las vacas sí son sagradas y se les permite que deambulen por doquier y cometan los destrozos que deseen, se entiende que hagan lo que les de la gana -las vacas- porque producen la leche primordial que amamanta a la humanidad: la buena leche, la sacrosanta.

En Venezuela las vacas no pueden ser canonizadas -ni lo serán- porque ante tanta escasez y sobresalto, ante tanta inseguridad y vagabundería, ante tanta corrupción y perversión, no dan leche y en el caso de que la dieran no es buena, es mala leche.

La fatiga no les da para más, como es el caso obvio de las vacas cansadas de la MUD.

Hay que entenderlas.

 

El establo de AD

Por ejemplo, Acción Democrática, el partido paradigma de Venezuela, cuyos eminentes fundadores fueron Rómulo Betancourt, Andrés Eloy Blanco y Rómulo Gallegos, entre otros de esa pléyade de vacas sagradas de la política latinoamericana, es hoy un establo de vacas enjutas y chupadas.

Henry Ramos Allup, su líder de las últimas dos décadas, pese a ser un tribuno excepcional y proferir de vez en cuando admirables y apocalípticos pronunciamientos, muestra síntomas de terrible cansancio y, por ende, de una fatal mala leche que ha convertido el partido de Betancourt en una mueca, por no decir en un mal chiste.

La situación es tan compleja que, fuera del establo de Acción Democrática, es muy probable que Henry Ramos sea incapaz de ganar una elección popular ni siquiera en su junta de condominios.

Su esposa, Diana D’Agostino, una mujer excepcional, luchadora, con una agenda social reconocida en el municipio donde hace vida política, El Hatillo, fue víctima de esta fatalidad. En las recientes elecciones municipales llegó de cuarta incluso detrás del paupérrimo chavista, pese a haber recibido el apoyo partidista no solo de lo que queda de Acción Democrática, sino además de Copei, Un Nuevo Tiempo, MAS, entre otros compañeros del viejo pastizal político.

Henry Ramos Allup no tiene ninguna lección que dar. ¿O sí?

Dos jóvenes, David Smolansky (Voluntad Popular) y Elías Sayegh (Primero Justicia), sin proponérselo, fueron los carniceros de la ineludible realidad política que está debilitando a la oposición frente a la dictadura chavista, pues tiene a unas vacas sagradas, que no lo son, como los dirigentes que, por debilidad, nos llevan “unidamente” al matadero.

Que conste que no soy yo el desollador de las vacas cansadas de la política, es la política misma la que despellejó la realidad y la hizo muy cruda para ellos.

 

El divisionismo crítico

Mencioné el caso de Acción Democrática porque probablemente es el más emblemático y el que genuinamente más duele. Pude haber mencionado el de Copei pero me resistí porque pareciera que su vaca cansada, Eduardo Fernández, y su becerrito lindo como un bebé, Pedro Pablo Fernández, se entienden mejor (¿negocian?) con los capataces del régimen -¡esas víboras!- que con los jóvenes que están luchando en la calle por reivindicar la dignidad de nuestro pueblo.

Cada partido que participa en el corral de la MUD tiene su propia historia de cansancio y confusión, criticarlos se ha convertido en una blasfemia.

Uno no puede preguntar qué pasó con el fraude electoral, o por qué no defienden con vehemencia ciertas condiciones básicas para un “diálogo” con la dictadura (libertad de los presos políticos, entre otras), o por qué no apoyan a los estudiantes en sus reivindicadoras protestas, porque de hacerlo uno se convierte en un “divisionista”. No jodan, de verdad, no jodan.

Uno no puede preguntar ni criticar nada. Si uno cuestiona, si uno censura, uno atenta contra la unidad. Eso es un chantaje.

Yo no acepto ni me pliego al chantaje y espero que los lectores de este suelto, sean del partido que sean, tampoco lo acepten ni se plieguen. Exigir dignidad no es dividir la unidad, es fortalecerla. La unidad se rompe porque unos inclinan la rodilla.

Las vacas cansadas de la política -y sus becerros atetados- nos piden que pongamos el cuello para que las víboras chavistas muerdan plácidas y nos dobleguen. Eso no ocurrirá, la cruda realidad social y política será su carnicera otra vez. Que unos pocos anden el camino de la humillación y vayan complacidos al matadero, allá ellos y su cansancio. La mayoría no lo hará.

La unidad ya no es una mesa, la unidad son cientos de miles de jóvenes venezolanos que se oponen a la dictadura. Esto no tiene vuelta atrás, no nos cansaremos porque el que se cansa pierde.

La Venezuela de la dignidad está en la calle, su fuerza surgió para vencer.

¡Verán!