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Milagros Socorro

A que sí se va

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Maduro es presa de la terrible certeza de que no cumplirá el período en el poder. Es lo que indican sus infortunadas declaraciones frente a esa cuota inicial del Apocalipsis que supuso el apagón del martes.

La interrupción del servicio eléctrico en los estados más poblados y donde se concentra el grueso de la actividad económica (Zulia, Lara, Falcón, Táchira, Mérida, Trujillo, Yaracuy, Portuguesa, Cojedes, Aragua, Carabobo y parte de la Gran Caracas) ocasionó un caos de pérdidas materiales, deterioro de instalaciones industriales y comerciales, daños en la red de alumbrado público y semáforos; y, desde luego, un azote a la población, que padeció dificultades en centros de salud, en edificios de oficinas y apartamentos por la falta de ascensores, en las calles por la imposibilidad de uso del Metro y ya no digamos los pequeños empresarios o, los llamados currantes solitarios, que carecen de plantas eléctricas en sus lugares de labor.

Al regreso de este limbo, ¿qué hace el gobernante? ¿ofrece disculpas a la ciudadanía por los graves inconvenientes? ¿demuestra preocupación por saber qué pasó? ¿se rodea de un equipo de expertos y voceros serios, capaces de brindar alguna tranquilidad? En vez de eso, exhibe su insensibilidad ante los sufrimientos de la población y su disposición a engañar al país diciendo que el apagón era producto de “golpe eléctrico” asestado por la “extrema derecha” y que ya él estaba “al frente de la situación que extraña y abruptamente se ha presentado”.

Mentía descaradamente y con la torpeza que es su marca. En el momento de su declaración, no tenía datos sólidos. Y mucho menos podía afirmar que el evento era “extraño y abrupto”, puesto que desde el año 2009 está decretada la “emergencia eléctrica”, que incluye el castigo del racionamiento de energía la recurrencia de apagones en el interior del país. ¿O es que Maduro olvidó que también en Caracas se quiso imponer el racionamiento y que fue suspendido por el malestar que produjo y las patéticas escenas de ríos humanos caminando por las cunetas a falta de transporte subterráneo?

Lo que sí debía conocer Maduro es el informe del Sistema Interconectado de Colombia (SEN), en el que se establece que Venezuela no había comprado suficiente energía al vecino para prevenir el apagón: concretamente, que las compras se habían suspendido los tres días anteriores al martes, y que ese día sólo había llegado 0,89 GWh (mientras que el 5 de agosto había llegado 3,54 GWh). El ingeniero José Aguilar le dijo a este diario: “Se pudo haber comprado 300 MW por hora, y sólo se compró un promedio de 37MW por hora”.

Y lo que está obligado a saber el país es el vertedero de corrupción sobre el que estamos parados y que es culpable de nuestras penurias con el servicio eléctrico. El cuento es largo y tiene ribetes de vergüenza nacional: sin las licitaciones de ley, el régimen de Chávez adjudicó a una firma advenediza (sin experiencia en el sector) una serie de contratos para construir generadoras eléctricas. Como es norma de la revolución, no se saben los términos de la negociación, pero hay indicios para calcular que se pagaron 3.000 millones de dólares en sobreprecio a los chavoburgueses detrás de Derwick Associates, la compañía beneficiada que desde Estados Unidos, donde opera, distribuyó sobornos multimillonarios a los funcionarios venezolanos que les habían dado los contratos y subcontrataron empresas estadounidenses para que hicieran el trabajo. En suma, el Estado fue estafado con miles de millones de dólares y el pueblo venezolano condenado a mil carencias.

La paradoja es que el Gobierno se jacta de haber hecho ingentes inversiones (se habla de más 23.000 millones de dólares) en este rubro, así como de tener un Estado Mayor Eléctrico conformado hace cinco meses para vigilar centrales de generación, líneas de transmisión, estaciones y subestaciones, además de que todos los cargos claves del Sistema Eléctrico están en manos de afectos al régimen, incluidos agentes cubanos. ¿De qué han servido unos y otros?

No hay nada que indique un cambio en la situación. Muy por el contrario, la tendencia previsible es a peor. Maduro debió fajarse en la reversión de la catástrofe sembrada por Chávez y, en lugar de eso, se amarró a los viejos reflejos de Fidel Castro, magnicidio, derecha apátrida, amenazas de más represión.

El jueves cantó su futuro: “No nos van a sacar de aquí, así apaguen mil veces la luz”, dijo. Pero la luz la apagó él mismo, exiliado en las sombras de la ilegitimidad, la ineptitud y la estulticia. Saldrá. Él lo sabe. Todos lo supimos este martes, en medio de aquel silencio lleno de augurios.