• Caracas (Venezuela)

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Eduardo Semtei

Aunque usted no lo crea

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Me levanté temprano. A eso de las 6 de la madrugada. El clima había amanecido un tanto frío. Aunque es usual por estos tiempos, me pareció que la temperatura tenía la intención de aclimatar el agitado mundo político de la capital. Como saben, en esta capital el alcalde tiene problemas con la justicia. Dicen que trató de quitarle los contratos a las empresas recolectoras de basura para dárselas a un amigo. En mi opinión lo que quiere es robar. O mejor dicho, seguir robando. Bueno, quizás empezar a robar. Qué vergüenza. Y se dice revolucionario. Ya veremos cuando los jueces sean honestos, sinceros y valientes que será de la vida del burgomaestre. Siguiendo mi día salí con el carro a hacer un par de diligencias. Como ustedes saben, para hacer más de dos diligencias en una mañana se necesita un verdadero milagro. Sin embargo, los motorizados no estaban alzados. No habían tomado ninguna plaza. No habían trancado ninguna autopista.  Y estaban circulando más o menos de acuerdo con la ley. Es que, como saben ustedes, el gobierno demagogo de este alcalde capitalino asociado de alguna manera a las roscas nacionales, no esta de acuerdo con que los motorizados usen cascos y chalecos que los identifiquen plenamente. Los propósitos subalternos en materia electoral  obligan al gobierno a hacerse de la vista gorda frente a las violaciones, a veces macabras, de los motorizados a todas las leyes habidas y por haber, ya que lo que buscan es garantizar el voto a costa del aumento inusitado de la violencia.

Bueno los motorizados estaban como dopados. Obedeciendo las leyes. Y no había mucha cola. El tránsito fluía de manera más o menos regular. Eso sí, me pareció extraño para la capital.  Quedé estupefacto. Y les estoy hablando en serio. Esta misma situación la he observado durante varios días. Aunque, como se sabe, hay unos especuladores, opositores y cabezas calientes que no ven ningún elemento positivo al gobierno actual. 

Me detuve en un supermercado y entré como con miedo. Las últimas veces que había visitado tales sitios me había encontrado con unas colas abismales sencillamente porque las millones de personas que compraban en las bodegas y pequeños comercios en barriadas ahora no tienen nada qué comprar en sus zonas y esas grandes mayorías se desplazaron hacia el este para tratar de conseguir comida y productos en general. Como ustedes saben, lo han vivido, anteriormente las personas hacían compras una vez por semana o por quincena,  primero gracias  a que los anaqueles estaban llenos y no había que ir cada bendito día a ver qué se encontraba. 

Pues, amigos, en estos supermercados que visité había de todo. Papel sanitario de 12 tipos distintos. Lo juro por Dios. Había leche. Harina PAN. Sin embargo, noté que la mayoría de los paquetes habían sido hechos por la Empresa Polar pero en Colombia. Investigando supe que Polar ha ido desplazando, así como Farmatodo, muchas de sus operaciones para Colombia. Pues estimados compradores, había de todo. Qué sabroso fue hacer mercado libremente, escoger productos,  ver marcas y diferencias de precios. Me sentí como habitante de un país desarrollado y abundante.  Sé que alguno de ustedes dirá que estoy hablando paja, pero les juro que es la purita verdad. Y si me quieren acusar de gobiernero, pues tendré que calarme la acusación.

Por cierto, tenía que notariar un documento y, como saben ustedes, eso siempre es complicado. ¡Sorpresa! En la notaría no había cubanos. Eran todos nacionales. Las computadoras servían. En la misma notaría pude cancelar el costo en una de esas simples máquinas llamadas de punto.  No tuve que ir al banco para nada.  Otra agradable sorpresa.

Al final de la tarde decidí comprar la prensa para enterarme de las noticias. Todos los periódicos estaban a la venta y tenían las mismas páginas de siempre. A vaina buena, me repetía incansablemente. Bueno, estimados amigos, había olvidado decirles que tengo unos días viviendo en Bogotá.  Capital colombiana donde esta breve historia tomó vida. Saludos.

@ssemtei