• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Antonio Ecarri Bolívar

La unidad requiere contenido

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, militante de la izquierda de ese país, acaba de ser víctima de una medida - no me cansaré de repetirlo – arbitraria, que lo inhabilita para ejercer su cargo y cualquier otro electivo durante quince años. Presidente Maduro, le pregunto: ¿el procedimiento utilizado por el derechista procurador general de Colombia no es un calco de las decisiones tomadas por el izquierdista contralor chavista (QEPD) contra disidentes de la oposición venezolana al margen de la legalidad y que aún no han sido revocadas?

Se lo pregunto porque considero que aquí se pone en vigencia el viejo refrán, según el cual, “la salsa que es buena para el pavo, también lo es para la pava”.  Ah, pero con el agravante para usted y su régimen chavista quinceañero de que: ¿sabe usted a dónde se va a dilucidar la arbitrariedad contra el izquierdista alcalde de Bogotá? ¡En la mismísima Corte Interamericana de los Derechos Humanos, instancia internacional a la cual su gobierno, en medida más tonta que arbitraria, se dio de baja! Tanto el presidente Santos como el alcalde de Bogotá han dicho que van a acatar el fallo de la CIDH. Son un izquierdista y un derechista sensatos. No hay dudas.

Ese es el drama de los extremismos políticos: los de izquierda denuncian las arbitrariedades cuando son cometidas por la derecha, pero silencian las propias; y los de la derecha hacen exactamente lo mismo pero en sentido contrario. Históricamente esa ultra izquierda y la ultraderecha son cara y cruz de una misma moneda, razón por la cual ambas tendencias deberían estar descalificadas para gobernar en el mundo civilizado y global del siglo XXI, pero por allí todavía pululan para desgracia de la humanidad.
Recuerdo vivamente las andanadas de toda la izquierda mundial contra las barbaridades cometidas por Pinochet en Chile, pero silenciaban estruendosamente (valga el oxímoron) las que de similar calaña perpetraba el Idi Amín del Caribe (Rómulo dixit) Fidel Castro.

Y, obviamente, también recuerdo con claridad meridiana la ristra de críticas de todo tenor de la derecha mundial contra la dictadura de Pol Pot en Cambodia, por ejemplo, pero silenciaban las atrocidades cometidas por la cúpula gobernante de Israel contra los niños palestinos. Es que son, mutatis mutandi, la misma cosa. Hasta el padre del comunismo mundial Wladimir Ilich Ulianov (Lenin) solía decir que el camino más rápido de llegar a la derecha era por la izquierda y no se quedó en la frasecita hecha, sino que escribió todo una obra sobre el “izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”, denunciando las actitudes extremistas de la izquierda, como parientes cercanos de la derecha. 

La arbitrariedad cometida en Colombia por  el ultraconservador procurador Alejandro Ordóñez contra Gustavo Petro es exactamente lo mismo que Clodosvaldo Russian hizo en Venezuela contra personajes de la política vernácula como Antonio Ledezma, Leopoldo López o el ex gobernador del estado Miranda Enrique Mendoza. Así como en su momento protestamos aquella arbitrariedad (seguimos haciéndolo con el mantenimiento de esa excrescencia jurídica), hoy tenemos el deber de hacerlo frente a esta otra arremetida de la “juridicidad” disfrazada de “institucionalidad”.

Es que el mismísimo fiscal general colombiano, Luis Eduardo Montealegre, en actitud que lo enaltece, ha dicho que la decisión del procurador Ordóñez es un atentado contra la institucionalidad colombiana.
Es bueno recordar que la “institucionalidad” arbitraria de Colombia es de muy vieja data, a los venezolanos no se nos olvida el enjuiciamiento ilegal y arbitrario del coronel Leonardo Infante, quien fue sentenciado a muerte por una Corte Suprema de Justicia presidida por Miguel Peña y cuyo voto salvado sirvió para que lo inhabilitaran a él también, lo que fue considerado por Bolívar una arbitrariedad,  que trajo como consecuencia otra justificación para la ruptura de Venezuela con la unidad gran colombiana… en buena hora, por lo demás.

En definitiva, lo importante no es que nos solidaricemos con el alcalde Petro frente a una arbitrariedad, esto es anecdótico; lo realmente trascendente, es que el gobierno venezolano y su presidente deberían tomar debida nota de que las inhabilitaciones políticas son una arbitrariedad, que cualquier atentado contra los derechos humanos es contrario al orden interno, al supra constitucional y que un hombre de izquierda como Gustavo Petro tiene hoy, como única instancia para que se le restituya su carácter de legítimo representante de los bogotanos, la Corte Interamericana de los Derechos Humanos con sede en Washington, a la que en malísima hora renunció quien hoy detenta el poder en Venezuela, pero que mañana, en la oposición, puede ser víctima de arbitrariedad similar y tendrá como única instancia…¡llamar a María! A poner las bardas en remojo, ¡clama la izquierda colombiana!