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Valentina Quintero

El único glamping de Venezuela queda en Barbacoas

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En lo alto de la montaña corre el viento feliz en La Cepa / Pisapasito

En lo alto de la montaña corre el viento feliz en La Cepa / Pisapasito

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Un cambio de vida. Luis Malpica y su esposa Andreína son ingenieros, vivían en Valencia, les acogotó la ciudad, quisieron darle un vuelco a su vida con aires de campo y se mudaron a una finca en lo más alto de las montañas larenses. En una ocasión habían visitado Barbacoas y quedaron con buenos recuerdos, así que volvieron en busca de unas tierras. Las consiguieron después de muchas vueltas. Estaban abandonadas, enmontadas y con una casa en ruinas. El pedreguyero feroz impedía el paso de las máquinas. Pero nada los detuvo. Con vista de verdes y cielos limpios, el pueblo abajo mostrando la cúpula de su famosa iglesia que termina en corona y la idea de un camping glamoroso como los que se ofrecen en África, abrieron Glamping La Cepa. Ya tienen dos hijos, son dichosos, amanecen a diario con las nubes en la cabeza, una vista generosa y virgen, un clima promedio de 18 grados y la seguridad que no les regala casi ningún otro sitio del país. No ha habido un solo segundo de arrepentimiento. Ni siquiera cuando perdieron 3 cosechas después de haber ganado tanto en la primera.

 

Único en el país. El “glamping” se define como la emoción de estar al aire libre sin las penurias de la carpa, la plaga, la cocinita de gas que no prende y el agua helada del río cercano. El objetivo es brindar confort sin paredes, ascensores ni multitudes. Luis y Andreína lo lograron. Subes unos pocos kilómetros desde Barbacoas, cruzas por un sendero de tierra con potreros y siembras a ambos lados, abres un portón y llegas a un campo abierto, un jardín con caminerías de piedras, una vista de montañas hermosas y deshabitadas y el pueblito a lo lejos.

Hay una cabaña de madera venida de Portugal que Luis armó a la perfección. Tiene cuatro habitaciones, un baño y una extraordinaria terraza abierta al lado de un árbol donde guinda un columpio redondo que pudo haber sido una mesa. Hacia otro lado está “La carpa”, con base y puerta de madera y un techo de encerado como de camiones que suena divino cuando llueve. Es para cuatro personas con una cama matrimonial y dos sencillas. Tiene su baño abierto al cielo, con el piso pintado de blanco y agua caliente. Una casita de muñecas indica que estás cerca de la cocina. Sigues el sendero y se aparece un viejo Land Rover impecable con su carpita de techo. Luego llegas a “La carreta”, otra creación de Luis, es tal cual como las del viejo oeste, pero subes dos escalones de piedra y entras a una camita bella en el fondo, estantes para la ropa y una cavita de vinos. A un lado hay una mesita de dos para la cena romántica. También tiene su baño con sol. Un comedor con lona abierto al viento y una piscinita donde pocos se atreven a remojar el cuerpo. Los detalles son notorios.

Andreína es la reina de la cocina. Ofrecen suculentos desayunos, jugos naturales, mantequilla criolla, quesos frescos, arepas que se abomban y cenas con asado o lechón en caja china. La tarifa incluye desayuno y cena. Los precios varían según el hospedaje, pero van desde Bs 400 por persona si se quedan en carpa que traen ustedes mismos hasta 750 en el plan romántico de carreta. Solo hay cupo para 4 carpas. No quieren alboroto ni sancocheros. Una condición esencial para ser “glampista” es convivir amablemente con la naturaleza.

 

Qué se hace por aquí. Hay que caminar por el pueblo de Barbacoas y conocer su iglesia en honor a San Felipe. Es la única que existe en Latinoamérica con una cúpula que termina en corona. La están pintando y tratan de remendar los desaguisados de un cura insensible que acabó con los decorados interiores al contratar un pintor de brocha gorda. Arrasó con todo y dejó la iglesia blanco esmalte. Un espanto. Vean el confesionario y los altares que se mantiene originales.

Muy cerca está el Parque Nacional Dinira. Su mayor encanto es la Cascada del Vino para darse un baño que tulle pero sana. El otro es la Cueva de la Pionía. Me fascinan los paseos a La Aguada de Arenales, montañas solitarias con lomas redondas. Otra ruta es irse hasta Los Humocaros, bajar a El Tocuyo, darse una vuelta por Carache en Trujillo o lanzarse en parapente desde Jabón. José González ofrece paseos guiados por la zona, ya sea en bicicletas, su carro o el carro de Criollo La Pionía, con arepitas de maíz, hervidos, mantequilla criolla, cuajadas envueltas en hojitas. Es una maravilla y siempre está en La Cepa.

 

Una sugerencia. Son muy pocos los sitios donde se puede acampar en Venezuela con seguridad. En un país con un clima tan gentil, deberíamos ser los líderes indiscutibles de la vida al aire libre. La inversión es mínima: servicio de agua, baños, restaurante, detalles lindos y tremendo paisaje. Pero la visita tiene que sentirse segura. Es la gran fortaleza de Glamping La Cepa. Estoy segura de que hay otros sitios del país donde podemos replicarlo. Ojalá que la idea de Luis y Andreína sea copiada por otros y tengamos una gran red de glampings por toda la geografía.

 

Datos vitales

 

Gampling La Cepa

Sector Los Berbechos, finca La Cepa, a 1,5 km de Barbacoas

Teléfonos: (0414) 432 8950 y (0426) 512 0168

Web: www.lacepa.com.ve

Twitter, Facebook e Instagram: @glampinglacepa

Correo: lacepa@hotmail.com

 

 

José González

Guía Barbacoas

Teléfono: (0412) 900 7652