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Pablo Aure

El último bastión

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Les confieso que al sentarme frente a la computadora pensé escribir sobre los alcances del efecto Obama. También me pasó por la mente desarrollar algún aspecto de las primarias de la oposición, pero ambos temas los deseché porque El Carabobeño está en peligro. Señores: es imprescindible que nos ocupemos y atendamos con seriedad lo que ocurre con el periódico pionero en la región.

El Carabobeño lleva 81 años en esa ardua tarea de plasmar en el papel noticias y opiniones de manera plural, sin necesidad de recurrir a la adulancia ni a la descalificación para ganarse el respeto de sus lectores. Ha sobrevivido a pesar de las dificultades, bien sea frente a gobernantes electos como también frente a los despóticos.

El Carabobeño desde el mismo momento de su nacimiento abrió las puertas de la libertad. Sabemos que los medios de comunicación con ideales libertarios no son del agrado de los tiranos que, oprimiendo al pueblo, pretenden perpetuarse en el poder.

Este diario es esa ventana que se abre cuando la gente necesita expresar lo que siente, es ese cartel gigante que les dice a los funcionarios públicos que cumplan con su deber y que respeten a los ciudadanos; es el desahogo del necesitado que reclama justicia y, desde luego, de aquel que grita reclamando democracia. 

 

Unir voluntades para evitar su cierre

Hay que unir voluntades para evitar que lo cierren, lo cual no se haría por un decreto presidencial, o porque unos vándalos exijan “que digan la verdad” como ocurrió hace pocos años, sino porque el gobierno no le da la gana de autorizar el suministro de papel.

Para aquellos que no lo saben, el asunto del papel es la eterna preocupación de los dueños de los medios impresos. El papel para la elaboración del periódico es un producto importado. Durante la cuarta, y a comienzos de la quinta, se podía importar directamente, ya que había dólares para el negocio; y el gobierno lo autorizaba al cambio preferencial. Hoy es imposible hacerlo de manera directa, porque sabemos lo devaluado que está el bolívar y, además, porque existe un distribuidor exclusivo que, como todo lo que depende del gobierno, el papel lo asigna de manera caprichosa. Ya ustedes sabrán en qué consiste el capricho: “Informas, publicas, titulas la primera página como yo quiero y tendrás tu papel”

Me preocupa que la gente pueda ver con indiferencia esta grave amenaza que se cierne sobre El Carabobeño. ¡Por Dios, reaccionemos! Cada vez son menos los canales de comunicación. 

 

Auxilio

Hoy este periódico tiene reservas de papel tan solo para ocho días. Léase bien: para ocho días.

Conozco y constantemente me reúno con sus propietarios. Doy fe de su vocación de servicio y, sobre todas las cosas, de su amor por el país. No luchan por lo que puede significar el negocio del medio de comunicación (que sería perfectamente legítimo) ellos luchan por la democracia.

Claro que no es fácil soportar lo que hoy padecen los dueños de medios de comunicación independientes. El acoso es permanente. Muchos han claudicado porque les ha faltado pulmón y no haber podido resistir los inclementes ataques gubernamentales.

Eduardo Alemán Pérez no doblará las rodillas, ni mucho menos bajará la cabeza para decirle amén a los antojos de ningún régimen. No lo hizo su padre frente a Gómez, ni con Pérez Jiménez, no sucumbió ante ninguna arbitrariedad de los de la llamada cuarta república. Evidentemente, tampoco lo hará su sucesor, que preferirá morir con las botas puestas, antes que traicionar la razón de ser de El Carabobeño, que son sus lectores.

Esto lo escribo advirtiendo que puede ser mi penúltimo ¡Hasta cuándo! que lean en este octogenario periódico. Como demócrata me siento obligado a decirles que estamos a punto de perder por falta de papel esta ventana a la libertad. Amigos, con el cierre de El Carabobeño el verdadero perdedor sería el pueblo. Nadie más. Es un valor no apreciable en dinero sino en esperanzas.

 

No es clemencia, es sensatez

Sabemos lo que el régimen ha fraguado y ha obtenido con otros medios de comunicación de la región. Hoy elevo mi voz disidente no para pedir clemencia sino sensatez: ¿Hasta cuándo los atropellos? Acá mismo en el estado Carabobo está uno de los funcionarios que mayor peso puede tener a la hora de tomar decisiones en el país. No tengo dudas de que su voz es determinante para que El Carabobeño pueda seguir cumpliendo su labor de informar. En él está la decisión.

Es la hora de los carabobeños. Es el momento de apartar necias diferencias y apostar por el engrandecimiento de la región. ¡Defendamos la libertad!

 

@pabloaure