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Diario de las Américas Editorial

El turno de la diputada

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La diputada venezolana María Corina Machado, destituida por mandato de la cúpula chavista, compareció hoy ante la Fiscalía venezolana para declarar sobre su supuesta implicación en un plan de magnicidio.

La comparecencia de Machado, citada en calidad de testigo, es una valiente salida para enfrentar el farsesco andamiaje oficialista, que busca por todas las vías la eliminación, anulación neutralización o silencio de las fueras de oposición.

Machado ha sido vinculada a un fabricado delito "contra la independencia y la seguridad de la nación" y de "asociación para delinquir", comprendido por la Ley contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo. 

Magnicidio, conspiraciones, intentonas de golpe de Estado, son acusaciones a flor de labios de la mendacidad chavista para amordazar la verdad de quienes desafían al poder corrupto y totalitario. Es una historia repetida desde la Cuba castrista hasta los regímenes de socialismo del siglo XXI que Latinoamérica ha visto emerger en la última década de agonías democráticas. 

Ya sabemos que la justicia venezolana es parte del mismo pastel que se amasa y cocina en Miraflores. Esperar equidad de los patéticos personeros que actúan al servicio del gobierno venezolano es simplemente una ilusión a destiempo. Pero ha hecho bien Machado con dar la cara y exponer su firme verdad ante sus difamadores.

Machado ha confirmado ya que los correos que le atribuyen corresponden a sus cuentas, pero fueron falsificados, pues ella no busca un magnicidio ni un golpe de Estado, sino la renuncia de Nicolás Maduro. 

La declaración de Machado debe ser una oportunidad para reafirmar su legitimidad como diputada y recibir la reivindicación de sus derechos constitucionales. El mundo no debe pasar por alto su alegato