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Arnaldo Esté

El turno de Colombia

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Me resulta difícil percibir la frontera. Por historia, por amistades y familia, más que proximidad, hay pertenencia.

Dos cosas, que no son menudas, marcan la actualidad colombiana: el proceso de paz y los triunfos en fútbol. Eso, está demás decirlo, además de alegrarnos, nos debe contaminar.

He seguido esos hechos y me he emocionado con ellos. Ellos atienden a la condición ética del país. A su cohesión y a la confianza en sí mismo, a su dignidad.

Pareciera que a Colombia le ha llegado su buena hora.

Dignidad y cohesión suenan a abstracciones y no son frecuentes en los lenguajes y propuestas políticas y económicas. Pero, para mí, son fundamentales. Son de las cosas que explican los avances y las grandes recuperaciones de naciones unas veces adormecidas y extraviadas, otras veces destrozadas por guerras o tragedias.

Son las bases para la comprensión de sí mismas y el diseño de su proyecto de acuerdo con esa comprensión.

No en cuanto que el venidero proyecto colombiano vaya a ser un patrón, sino porque su curso constructivo, de autocomprensión y diseño correspondiente a esa construcción, la manera de hacer eso, es lo adecuado.

Eso no es fácil y no es determinable. No es consecuencia de una decisión. Puede ser largo y costoso. Colombia lo sabe bien. Lo ha sufrido en su larga guerra interna, en la turbidez de sus mafias, en las heredades de privilegios, en las dolorosas distancias sociales.

Nosotros no hemos tenido ese curso y pareciera que la construcción del país podría ser menos costosa. Pero aquí estamos embarrialados: con un gobierno que trató de aplicar recetas importadas de un viejo socialismo europeo, con los vuelos ilusos de un mesías. Un gobierno que no sabe qué hacer: si radicalizar la torpeza importadora de ideologías o reconocer sus errores y tratar de enmendar. Necesarias decisiones que exigen liderazgo.

No hay una copa mundial de fútbol. No hay una larga guerra. No hay motivadores éticos. Se derritió la cera que pegaba las plumas de las alas del mesías.

Nos toca buscar la unidad. No de una de las mitades sino de todos, que exige prioridad del país, concesiones, comprensión de los otros, inteligencia política. Una unidad que, bien proclamada, podría ser, por sí misma, una Copa Mundial.

 

@perroalzao