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Ana Julia Jatar

El túnel

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Estamos en un túnel y no es una novela de Ernesto Sábato; no hay vuelta atrás en este camino oscuro de represión que nos espera, oscuro como el que transitan nuestros jóvenes hacia la tortura y la vejación; oscuro como la celda de Simonovis y la de Leopoldo Lopez; oscuro como los días de quienes injustamente están siendo “juzgados” en el Helicoide; oscuro como las noches interminables de las madres que han perdido a sus hijos; oscuro como el exilio; oscuro como los túneles cuya luz al final se nos esquiva.

“¿Será que Henrique tenía razón?”, me pregunta una amiga al sentirse asfixiada en el túnel. Sabemos que el candidato prefirió dejar las cosas así y no convocar a la gente a defender sus votos, pues solo serviría para traer más muerte y represión. Henrique es cristiano de corazón y no quiere muertos en su conciencia, tú tampoco, yo tampoco; pero el túnel era inevitable. El miedo hiere más profundo que las balas, parecen decirnos los estudiantes que han perdido el miedo y defienden las manifestaciones pacíficas y la no violencia como arma de batalla. Pero las trincheras se han ido radicalizando y hay que recordar en este amargo tránsito, y para que no nos tome desprevenidos, que la guerra no convierte a los seres humanos en héroes, sino en seres mezquinos capaces de ejercer, desear y padecer terribles las peores atrocidades. Hay que estar preparados.

“Leopoldo se equivocó al entregarse –dicen otros– en dictadura nadie se entrega, sino que se lucha hasta que lo atrapen a uno”. Sin embargo, si Leopoldo se hubiese ido a la clandestinidad muchos lo hubiesen acusado de cobarde. Además, recordemos que hace pocos meses la mayoría opositora pensaba que jamás este régimen se atrevería a encarcelar al líder máximo de Voluntad Popular porque el país “ardería” al igual que muchos vaticinaron lo mismo si perdíamos a Globovisión o si sacaban a María Corina de la Asamblea Nacional o si, o si… Pero no fue así y todavía no lo es. Nos da mucha tristeza pensar que quizás Leopoldo también se lo creyó, pero la luz al final del túnel no se ve todavía.

Los brujos aseguraron que este gobierno no pasaba de los Carnavales y, para el asombro de quienes nos consideran un país a respetar, el vidente Reinaldo Dos Santos, al afirmar que a Maduro le quedaban tres días en el poder, se convirtió en el líder del momento. Y es que nos hemos convertido en una sociedad oscurantista dominada por falsos rumores, miedo, predicciones y chismes como suele suceder cuando reina la censura, la autocensura, la opresión y la falta de libertad. Hasta los brujos y el tarot han reaparecido en espacios “prime time” en las radios y televisoras con la anuencia de un régimen que prefiere que soñemos con esos cantos de auroras libertarias porque saben, con Fromm, que silbar en la oscuridad no nos trae la luz. 

“La MUD nos ha traicionado”, dicen quienes critican el diálogo con el gobierno, pues según ellos dejaron a Leopoldo y a los estudiantes “solos”. Y es que la frustración nos ha convertido en una máquina traga-líderes de alta capacidad autodestructora. Últimamente ya hay quienes dicen que todavía no conocemos al líder “que nos va a sacar de esto”.  Lo cierto es que con ese discurso jamás saldremos de “esto”, pues “esto” no lo resuelve una sola persona, ni dos, ni tres sino la fuerza y la voluntad de una sociedad que se resiste a la oscuridad y que está dispuesta a darlo todo por respirar libremente y ver la luz otra vez.

Este túnel es largo y oscuro: no tiene huecos ni arriba ni a los lados, presenta una sola salida al final y sin duda la alcanzaremos si no malgastamos ninguno de los fósforos que nos quedan. Aquí no sobra ni un solo líder, ni una sola voluntad, ni un solo venezolano amante de la libertad. No tenemos otra alternativa que transitar esta oscuridad juntos, con paciencia, valentía y sobretodo Resistencia, si, con mayúscula.