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Andrés Volpe

El triunfo de Maduro

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Justice will overtake fabricators of lies and false witnesses.

Heráclito

 

Muchos hablan de derrota al discutir sobre el gobierno de Nicolás Maduro, y están equivocados. Lo que ha hecho él es triunfar de una manera perfecta al cumplir los designios de una ideología: el socialismo. La destrucción sistemática de un país y un pueblo es la magnum opus de un sistema que busca la servidumbre del individuo frente al Estado. La negación del progreso de la humanidad y la denuncia de este como objeto no deseado es la bandera de esta doctrina que ha subyugado la dignidad humana a la miseria del hombre que ha perdido su libertad y su independencia.

Sería ya poco ilustrativo referirse a ejemplos de naciones extrañas, porque los ejemplos de la miseria traída por el socialismo en Venezuela son exageradamente obvios, cruentos y despreciables. El año 2015 ha empezado con la imagen de un venezolano anónimo, minimizado a un número anotado en su brazo, haciendo una cola larga, tediosa e indignante para satisfacer sus necesidades más básicas. Las colas no son artificios de ninguna guerra económica para emboscar al gobierno. Por el contrario, ha sido el gobierno el que ha propiciado las colas mediante sus expropiaciones, corrupciones internas, control de precios, vilipendios al productor privado, dakazos, inseguridad jurídica, y autoritarismos de toda clase. Es decir, las colas y la escasez es producto de la aplicación sistemática de la teoría económico-jurídica del socialismo. Es fácil entonces apreciar de esta manera el triunfo mencionado en el primer párrafo, ya que se ha impuesto en la realidad, con todas sus consecuencias, lo que antes solo era discurso amenazante.

Aquí, aparte de todas las inquietudes que pueden surgir espontáneamente, surge con ella una de naturaleza filosófica-política, la cual nos lleva a preguntarnos: ¿para qué necesitamos al gobierno? Se supone que el gobierno, sobre todo uno socialista, está encargado de garantizar que la maquinaria del Estado funcione y se desarrolle acorde con los principios expresados en el cuerpo de leyes suscritos por el órgano de representación popular por excelencia, la Asamblea Nacional. Entonces, si el Estado no cumple son sus fines y objetivos (artículo 3 de la Constitución: El Estado tiene como fines esenciales la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa y amante de la paz, la promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo y la garantía del cumplimiento de los principios, derechos y deberes reconocidos y consagrados en esta Constitución. La educación y el trabajo son los procesos fundamentales para alcanzar dichos fines.), ¿cuál sería su razón de ser? ¿Dónde radicaría su legitimidad? ¿Bajo qué argumento se enviste entonces Maduro de autoridad?

Precisamente, allí radica el quid del asunto: al fallar Maduro en todas sus obligaciones constitucionales, ¿bajo qué argumento retiene su autoridad? La respuesta se ha evidenciado a lo largo de su mandato: la violencia y el terror. Es precisamente a través de estos medios que el socialismo se mantiene en el poder y por eso esta ideología necesita de los peores para garantizar su permanencia. Solo los peores son capaces de destruir a un pueblo de esa manera, porque solo ellos son lo suficientemente inmorales para perpetrar tanto sufrimiento bajo el cinismo de una argumentación falaz.

Debido a esto, se argumenta que han triunfado por los momentos. El gobierno de Maduro ha reducido la libertad del venezolano a un mínimo suficiente para mantenerlo dominado en la forma de colas y otros mecanismos de sumisión que mantienen al individuo preocupado por subsistir frente a una realidad atroz.

No obstante, el triunfo de Maduro y sus políticas socialistas se puede solo mantener mediante la violencia y el terror, ya que el individuo siempre busca espontáneamente sobrevivir. Quizás sea esta la función biológica más fundamental del ser humano y la que el socialismo brutalmente y voluntariamente desconoce. Es su error más fundamental y lo que ha garantizado su fracaso una y otra vez. Por otro lado, es evidente que Maduro no es una figura suficientemente fuerte para mantener a través del tiempo un Estado de terror y eso puede ya verse a través de las vestiduras de su mismo grupo político, así como en la presencia de continuas protestas espontáneas que surgen en todo el país promovidas por diferentes grupos descentralizados. 

Por otro lado, económicamente hablando, el Estado de violencia y terror que Maduro necesitaría para mantenerse en el poder es sumamente costoso y pudo, quizás, haber sido mantenido con un barril de petróleo a 100 dólares, pero bajo los precios actuales la tarea es manifiestamente imposible, y señal de la poca confianza que le otorgan a su éxito son los recibimientos en Rusia y China, así como el acercamiento de Cuba con Estados Unidos. El socialismo es bueno cuando existe qué robar.

En consecuencia, el triunfo de Maduro consiste en aplicar la doctrina socialista en Venezuela de manera satisfactoria, pero su éxito lo ha conllevado a un debilitamiento de las mismas bases que lo sostenían y que lo han obligado a vagabundear por el mundo en busca de aliados y recursos que ya no están disponibles por la poca confianza con que ven su permanencia en el poder.

¡Carajo, qué irónico es el socialismo!