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Elio Gómez Grillo

La trinidad criminológica

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Con el nacimiento de la Criminología Clínica nace la trilogía científica de la Criminología, que es, por cierto, la misma trinidad de la cultura cristiana occidental, porque se incorpora la sociedad, que es el mundo, y se añaden el demonio, que es la realidad cosmotelúrica y la carne frágil, que constituye al hombre. He allí el mundo, demonio y carne criminológico.
El mundo, ese mundo que es lo social, se desata a partir de entonces y Estados Unidos constituyen la plataforma de lanzamiento de las naves inimaginables de una nueva era criminológica. La primera de esas naves la conduce Mauricio Parmelee. Su obra de criminología aparecida en 1918, es considerada la iniciadora de la Sociología Criminal estadounidense, cuya paternidad definitiva se le atribuye a Edwin Sutherland, en los finales de la década de los treinta.

Sí, el mismísimo Sutherland que en 1949 ofrece al mundo la nominación criminológica quizás más universal como lo es la titulación del “white collar crime”, el delito de cuello blanco y el mismo que lanza al mundo, definitivamente, la proclama sociologística de la tesis bautizada como de la “subcultura criminal”.

Porque, en efecto, partiendo del supuesto de que la delincuencia es una conducta aprendida en la sociedad, Sutherland ofrece la nominación conocida como “ley de la asociación diferencial”, cuyo texto es breve y decidor, a saber: “Una persona llega a ser delincuente porque ha aprendido a definir con más frecuencia una situación en términos de violación a la ley que en términos de respeto a la misma”.
Y, de paso, enseña las  respuestas que acreditan para llegar a ser un delincuente de cuello blanco, a saber: “1º- Alta posición social. 2º- Prestigio de honorabilidad. 3º- Delito cometido en el ejercicio de su profesión o trabajo”. Además, el auge universal de la corrupción administrativa pública y privada, evidentemente que  le concederá alta prioridad pública y judicial al descubrimiento científico criminológico de Edwin Sutherland.