• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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El tribunal obediente

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Sin novedad, mi capitán

Desde cuando supieron el resultado de las parlamentarias, que los arrinconaba sin remedio, los cabecillas del régimen se pusieron a trabajar para evitar el mayor arrollamiento que podían imaginar en la medida en que la nueva AN ejerciera sus funciones. No les resultó difícil el encuentro de un primer remedio, porque todavía lo tenían a mano: convertir al TSJ en su más confiable salvavidas.

Ya contaban con una cohorte de magistrados complacientes, no en balde los habían seleccionado bajo la supervisión de Chávez con la pinza partidista, pero había que darle mayor fortaleza al parapeto. En un santiamén y sin respetar las reglas para su designación, fraguaron un nuevo lote de togados para que se convirtiera en escudo de acero ante cualquiera de los eventos que presentían, en medio de una incertidumbre jamás experimentada en 17 años.

¿Conocimientos jurídicos? Olvídenlos, que el barco está haciendo aguas. ¿Trabajos en el foro y en la cátedra universitaria? La Magdalena no está para tafetanes. ¿Bibliografía publicada? No es asunto de sabiduría, sino de sobrevivencia. ¿Estos fulanos y zutanos no son lo más parecido a analfabetas funcionales? Nos consta que saben leer y escribir, pasaron las pruebas del kínder. ¿Y si no les sirven las togas? Ya se acudirá a la sastrería, ahora estamos en el capítulo de los remiendos urgentes. ¿Y qué dirán en la AN? Por ahora, callar y votar, todavía es la AN en la que imponemos nuestros caprichos sin aviso ni protesto.

La decisión del TSJ sobre la validez del Decreto de Emergencia de Maduro, que había descalificado la AN haciendo uso de sus legítimas facultades, es uno de los resultados de ese itinerario premeditado para situaciones de riesgo. La decisión de los magistrados estaba cantada desde la madrugada del 7 de diciembre, cuando se pusieron los jefes rojitos a cuadrar la fórmula que evitara daños colaterales. Resolvieron entonces que se remodelaría el Supremo para impedir una decisión tan fuerte como la de negarle al jefe del Estado poderes sin tasa, o cualquier otra que les pareciera inconveniente en el futuro.

Todo lo perjudicial para el régimen será vetado por el TSJ, en cualquier ramo de la administración y a cualquier hora del día o de la noche. Para eso y exclusivamente para eso pensó la dirigencia roja-rojita en un adefesio a su medida, en un esperpento útil y dócil.

No estamos frente a una conducta específica que se relaciona con una determinada decisión de los diputados, sino solo ante uno más de los capítulos anteriores y posteriores del trabajo de los togados convocados para anular las decisiones de la AN. Pasará lo mismo con las medidas que tome en adelante el Parlamento, si el Ejecutivo así lo instruye a sus ovejas disfrazadas de negro con ribetes rojos.

Pensaron en todos los detalles, buscaron a los sirvientes del caso, los cocinaron en un rústico fogón de acuerdo con la receta de la supervivencia, y ahora aplican la fórmula a la AN opositora. Todo un plan calculado entre pranes y luceros.