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Arnaldo Esté

Uno, dos, tres…van tres.

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Uno, dos, tres… ya van tres que se confiesan. Vendrán muchos más y, sobre todo, otros que no son como estos. Los más vivos y menos escrupulosos, que nunca se confesarán. Simplemente se escabullen.

De otros como estos es posible que salga una suerte de peronismo prolífico. Muchas ramas peleando por la fidelidad al profeta. Como estos que buscaron el atajo hacia el futuro sobre las ruedas de un prometedor, que se hizo  tan profesional que terminó por creer en su propio cuento.

Ahora descubren que el atajo se convierte en barranco.

La pretensión de una revolución proletaria o un tránsito socialista hacia ella, se tornaba cada vez más larga y postergada. Para hablar de lucha de clases primero habría que precisar – y tal vez crear – eso de “clases”. Para crear una vanguardia, un  partido disciplinado habría que lidiar con una natural indisciplina. Para hacer un programa político habría que comprender a un país. En fin, un camino muy largo y poco posible. Así que se presentó el atajo. El mesías que, obviando esos inconvenientes, trajera caminos cortos.

Seguro que resultó incomoda la trascendencia mística de ese profeta, pero al fin y al cabo, era un costo que habría que pagar. Alguien muy creativo – no puedo ubicarlo – diseño ese proceso de santificación y se logró.

Pero los mesías están más allá del bien y del mal, por tanto no se equivocan. Así que la relación con ellos es de fidelidad, de acatamiento. Cosa muy urticante para gente formada en la racionalidad académica. Sobre todo en la marxista.

Así que la fidelidad se convierte en el fin, independientemente de que ella sea un grave inconveniente para comprender y crear.

Populismo, izquierda, ultraizquierda, derecha, ultraderecha, fascismo, imperialismo son palabras – alguna vez fueron términos definitorios – de uso muy vulgar en los medios y sobre todo, por los políticos para evitar descripciones más adecuadas de movimientos políticos opuestos, ya no significan nada y su uso refleja eso: superficialidad propagandística. Ahora menudean y siguen sonando o haciendo ruido. Sobre todo en esta época digital de acceso infinito a la información. No hay cabida para mentiras misteriosas.

Afortunadamente el camino de las persecuciones, cárceles y torturas, que la fidelidad exige, aun no ha prosperado tanto como para hacer muy costosos los eventuales perdones. Será necesario perdonar, incluso a aquellos que se han tornado fiscales fieles de delitos fabricados. Los legitimadores del profeta.

Pero: ¿Qué se va a hacer con tanto pillo? Hablan de tantos mil millones.

No sé. Voy a buscar en Wikipedia los consejos de las experiencias ajenas. ¿Qué hicieron otros países mineros saqueados? ¿Qué hicieron con los ladrones?, ¿Cómo recuperaron la plata?

Tampoco sé cómo recuperar la dignidad  desde tanto tiempo extraviada de mi gente, de mis compatriotas sometidos a la filantropía petrolera. ¿Cómo curar la enfermedad holandesa? ¿Cómo recuperar aquello de que el que no trabaja no come? ¿Cómo llenar otra vez nuestros sacos de café, maíz, cacao, arroz? ¿Cómo despertar nuestro ingenio para reconstruir este desbarrancado país?

Son muchas las preguntas y pocas las respuestas. Son muy grandes los problemas para ser resueltos por solo la mitad de la población.

@perroalzao