• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Mirla Alcibíades

El tranvía caraqueño

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Cuando se habla del establecimiento en Venezuela de los tranvías, se tiende a pensar que estos artefactos de locomoción siempre fueron movidos por electricidad. En realidad sucedió de esa manera en el siglo XX, pues en febrero de 1908 los carros que se deslizaban sobre esas líneas –familiares desde el siglo XIX para los habitantes de la capital venezolana– comenzaron a ser desplazadas bajo ese impulso. Pero, antes de que fuera así, este medio de transporte tuvo otras particularidades.

Lo primero que debo recordar es que el tranvía caraqueño se inauguró el jueves 15 de septiembre de 1881. Ese acto –que fue encabezado por el presidente de la república, Antonio Guzmán Blanco– fue antecedido por un cuidadoso trabajo previo. En primer lugar, hubo de ser resuelto el trazado de la primera ruta. En este punto se decidió que la primera sección recorrería desde la esquina de Las Gradillas (en la esquina sureste de la plaza Bolívar) hasta Parque Carabobo (en la parroquia La Candelaria). La idea era llevar el servicio en fecha posterior hasta El Valle y Petare.

Una vez resuelto el punto descrito, había que hacer el tendido de los rieles que cubrirían esa primera etapa. El 3 de agosto de ese año de 1881, la totalidad de la extensión era admirada por los habitantes de la ciudad quienes, sin duda, se preguntaban cómo serían los carros que la recorrerían. A mediados de ese mes de agosto, comenzaron a llegar a la ciudad los vehículos para el transporte de los pasajeros. Esos carros habían llegado a La Guaira en el vapor alemán Saxonia. Un funcionario designado por el gobierno en la ciudad de París se había encargado de realizar la adquisición en la capital francesa.

En el presente nos falta imaginación para lucubrar el comportamiento citadino ante la inauguración que se proyectaba en fecha inmediata. El frenesí generalizado se adentró, incluso, en los terrenos de la gramática. Algunos periódicos definían el medio de locomoción como “la tranvía”, otros, los menos, sostenían que la manera correcta de nombrarlo era “el tranvía”.

Los defensores de la primera fórmula eran los más entusiastas al explayar argumentos. Sus razonamientos corrían por estos derroteros: “Vía es femenino. La palabra tran que se le agrega hace las veces de un adjetivo, y los adjetivos no tienen influencia en el género de los nombres que acompañan, antes bien, reciben de estos la ley”. (Buena lección, por cierto, de la concordancia sustantivo-adjetivo de la que pudieran valerse los estudiantes de hoy). Ambas posiciones consagraban el acuerdo al hablar de “ferrocarril urbano” como fórmula de consenso.

En medio de este tipo de discusiones, continuaban los preparativos propios del caso. Toda vez que se habían instalado los rieles y que habían llegado los carros aptos para el transporte humano, faltaba una prueba final. Esta prueba consistía en el adiestramiento de la energía que habría de accionar los vehículos. Esa fuerza la proveían los caballos. Sí, como lo ha leído, los primeros tranvías eran conducidos por la potencia equina.

Durante un par de semanas los pobladores de la ciudad presenciaron el espectáculo de unos carros vacíos que se deslizaban sobre rieles y que eran tironeados por caballos. Cuando los cuadrúpedos estuvieron amaestrados, vale decir, cuando se hubieron familiarizado con la ruta y se les convirtió en moneda corriente la cercanía de personas y la algarabía citadina, se fijó el día para la inauguración. Tal acontecimiento se produjo en la fecha previamente señalada.

Ese día, la tranvía o el tranvía recorrió la ruta que hemos conocido. El nuevo dispositivo urbano se mostró ese jueves 15 de septiembre de 1881 con tres carros. En el primero se trasladaba el presidente Guzmán Blanco y su cuerpo de ministros; en el segundo y tercero, el ingeniero principal, los principales accionistas (porque esta fue iniciativa privada), representantes de la prensa, etc. Por cierto, el ingeniero fue Rafael Henrique.

Decía un diario capitalino que el carro donde se trasladó la comitiva presidencial estuvo “lujosamente engalanado con cortinas, el escudo de armas y la bandera de Venezuela, flores y cintas”. Todos los periódicos elogiaron la alegría y bullicio de la numerosa concurrencia. Las casas que flanqueban la ruta del nuevo medio de transporte estaban adornadas con banderas; sus ventanas y balcones se veían colmados de damas y caballeros. Las bocacalles y los puentes se presentaban atiborrados de un gentío pocas veces visto.

No era el primer tranvía que se veía en Venezuela, pues el 19 de mayo de 1878 se había inaugurado el de la ruta La Guaira-Maiquetía. Pero este de Caracas arrancó un entusiasmo que rozaba el éxtasis. Todo eran elogios y se auspiciaba un futuro prometedor. Sin embargo, muy pronto comenzaron los problemas. Pero estos hechos los referiré en próxima crónica.