• Caracas (Venezuela)

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Pablo Aure

La transición

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Desde hace bastante tiempo hemos venido observando el desarrollo de los acontecimientos, por cierto nada aceptables para el gobierno ni tampoco para la oposición. 

Tanto en el gobierno como en la oposición hay peleas internas. En el gobierno por dificultades propias del desgaste acarreadas por sus malas políticas; y por la avaricia de algunos de sus altos conductores. Nicolás Maduro, por muy incompetente que lo quieran dibujar, está sobre seguro de que su estabilidad es sumamente frágil; se apoya en los sectores militares que tampoco es que podamos decir que están muy compactos. Pero no se hagan falsas ilusiones quienes estén pensando en golpes de Estado (ni tontos que fueran los militares para dar un salto al vacío). Las cúpulas militares están cómodas. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela no es tema importante  para ellos, y mucho menos a defender. Saben que se viola, pero mientras a ellos los sigan ascendiendo y mal que bien obtengan beneficios de los cuales no gozan las demás instituciones, con eso les basta para mantenerse aferrados a Maduro. Pero mosca, no digo que sea eternamente, porque los militares no son “maduristas”, como quizá sí lo eran chavistas. 

En lo que respecta a la oposición, con dolor debemos reconocer que tenemos varias desventajas. La primera, somos oposición en un país donde no hay separación de poderes y somos fácilmente vulnerables frente a las amenazas judiciales que no en pocas oportunidades se han convertido en realidad. Opositor incómodo para el régimen, se le inventa un expediente, se encarcela o se inhabilita. Pero de alguna manera lo buscan silenciar. Eso está la vista, y no me vengan con un cuento distinto. Si quieren les explico cómo lo hacen. 

Otra desventaja es la gigantesca segmentación, todos quieren una parcela de poder, los que la tienen no se arriesgan a perderla por nada del mundo y si para ello es necesario pactar con el oficialismo de espaldas al pueblo que lo eligió, lo hacen sin pestañar. Pues bien, si en el gobierno hay divisiones internas, en nuestras filas es notoria. Henrique Capriles acusó a los protagonistas de “La salida” como los culpables de que el gobierno no esté más débil, mientras que estos dicen que el único responsable de lo que ocurre es precisamente él por haber arrugado en abril luego de haber cantado fraude electoral. 

Eso es a escala nacional. En las regiones pasa lo mismo: gobernadores y alcaldes jugando al cuide para no ser inhabilitados o destituidos, como les dije dándole la espalda al pueblo que desea otras actitudes. 

 

Con vista al horizonte

¿Qué hacer ante todo esto, cuál es el futuro que nos espera? No tengo ninguna duda, y lo expreso con optimismo. Estamos a la vuelta de la esquina de encontrarnos con la transición. Nadie aguanta más. No es a la fuerza de los cañones, sino del pragmatismo. Quienes están en el poder anhelarán mantenerlo y quienes no lo están debido a las circunstancia tendrán que ceder a las aspiraciones o cálculos mezquinos, y todo debe pasar por la organización y sincerar el mensaje. De ambos lados. El gobierno se mantiene porque hay 70% que no ve claro el camino para sustituirlo, ni mucho menos el destino. Se preguntan: ¿después de Maduro qué? Y mientras no se ofrezca un camino y al mismo tiempo un destino, apuéstenlo que Maduro podrá mantenerse con 0% de popularidad siempre y cuando el estamento militar esté de su lado. Nadie se atreverá a cometer una locura. 

 

¿Y las negociaciones?

Muchas veces lo hemos dicho, las negociaciones necesarias no es entre la Mesa de la Unidad Democrática y el gobierno, nada de eso.  Es en la oposición (donde está incluida la MUD) donde hay que “negociar”, conversar o dialogar para diseñar el plan o la estrategia. Desde ese momento comenzará la transición, en este caso el régimen estará obligado a transitar por un camino distinto al que nos lleva. Es decir, tendrá que sacar el paracaídas porque ya estamos en el precipicio. 

Hoy como nunca estoy optimista, a pesar de esta nube negra que está sobre nuestro país, al mismo tiempo siento aires de cambios. Cambios de todo tipo. Que se entienda bien, la transición también implicará ir abandonando esas prácticas dolosas mediante las cuales desde el poder judicial cometen tropelías políticas o aberraciones constitucionales. 

 

Pancadas de ahogado

Algunos oficialistas se empeñarán en seguir metiendo miedo con los tribunales que los manejan de la manera más descarada, pero las circunstancias harán que cesen las persecuciones. Ellos, los rojos, tratarán de sobrevivir, y no podrán hacerlo encarcelando a todo un pueblo descontento. Es muy probable que en estos últimos días continuemos viendo el cerco a los medios de comunicación, y como lo vimos con El Universal, pretenderán comprar otros para oxigenarse publicitariamente, pero ninguna publicidad es suficiente para desviar la atención cuando el hambre azota ni cuando la inseguridad te toca a la puerta. 

Nada de asustarse, ellos ahorita silban y gritan porque están desesperados. Han hecho lo que le ha venido en ganas. Es tiempo de reflexión y reacomodos. Escríbanlo: estamos más cerca de lo que ustedes se imaginan de un viraje en nuestro país. 

 

De vuelta al capitalismo

Maduro (o quien lo sustituya) en los próximos meses forzosamente tendrá que hacer un viraje para poder intentar reflotar este barco que se llama Venezuela. La gobernabilidad ahora depende solo de ellos y es por esa razón que harán lo imposible para sobrevivir. Sacaron a Giordani, lo cual es buena señal, aunque metieron como integrante del grupo de asesores del gabinete económico a un cubano que precisamente fue el protagonista del deterioro económico de su país. Que de acuerdo con Rafael Poleo ese Orlando Borrego no está allí para asesorar sino para cuidar los intereses de Cuba, y la única manera es que los rojos sigan en el poder, lo que ratifica que inevitablemente tendrá que cambiar el modelo económico para restablecer la confianza en el país y atraer nuevos capitales. 

 

Tiempos de cambio

Hemos aguantado 15 años, es el momento de las definiciones, cero desespero que estamos en tiempos de cambios. Habrá una transición, que se entienda bien, como ha ocurrido históricamente y en el mundo entero luego de dictaduras o gobiernos tiránicos. Ayer lo decía en una entrevista para El Universal el padre Luis Ugalde cuando Roberto Giusti le preguntó: “¿No negaría el gobierno ceder a los suyos la transición porque la impopularidad generaría la pérdida, ya no sólo del proyecto sino del poder?”  A la que respondió: “No necesariamente. ¿Acaso el franquismo perdió el poder durante la transición?” Ciertamente la respuesta es no, la llegada de Adolfo Suárez venido de las filas del “franquismo” abrió las puertas a la transición, así como aquí en Venezuela después de Pérez Jiménez lo hizo Wolfang Larrazábal, y antes lo había hecho López Contreras después de Gómez. 

 

Mensaje a la oposición

Si en realidad se apuesta hacia un país mejor, y en algún momento se pretende dirigir sus destinos, a la oposición no le queda otra sino la de reagruparse, tolerarse, aceptarse y entenderse. Hacer recorridos por todos los rincones de la nación, promover asambleas y planificar una verdadera organización para los tiempos de transición. 

Si se piensa en Venezuela hay que apartar individualismos o mezquindades. Basta de cálculos estúpidos, aquí en 2015 no habrá diputados de conciencia si no tenemos democracia, ya está bueno de ver al adversario dentro de nuestras mismas filas solo por el hecho de hacer críticas oportunas. Quienes obstinadamente evitan la concertación opositora son los enemigos de la democracia. Democracia no significa pensamiento único y mucho menos en la oposición, en este caso para su construcción la debemos enfocar hacia la unificación de los propósitos, que no son otros que: vivir en un país donde todos quepamos, todo funcione, no exista discriminación por nuestra manera de pensar  y todos tengan la oportunidad de superarse sin necesidad de hacerle carantoñas al gobernante de turno.