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Freddy Lepage

La transición en marcha a dos manos (y II)

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La cadena de radio y televisión de Chávez, cuando anunció su nuevo viaje a La Habana para continuar su tratamiento contra el cáncer, ratifica y clarifica lo que he venido diciendo en columnas anteriores. Ella fue concluyente en cuanto a la gravedad de su salud, hasta el punto de que, para evitar confusiones y poner las cosas en su sitio dentro del PSUV y partidos y movimientos aliados, no dejó lugar a dudas: su sucesor, ante cualquier eventualidad, es Nicolás Maduro, no Diosdado Cabello o cualquier otro que le hubiese pasado por la mente reemplazar al jefe supremo de la revolución bolivariana.

Ahora bien, sobre el título de esta columna algunos lectores me escribieron comentando que luego de la confesión testamentaria de Chávez, la transición estaba clara y, por lo tanto, no era a dos manos. A ellos les digo que sigue siendo a dos manos. Cuando pensé en dos columnas con el mismo título (I y II), fue porque en esta me iba a referir al papel que le toca jugar a la MUD, parte fundamental de la ecuación de la política venezolana.

Para los partidos políticos democráticos la situación no es fácil. Antes, por el contrario, bien peluda, ya que el factor tiempo se convierte en un verdugo inexorable. Eso lo conoce el Gobierno y por eso jugará sus cartas utilizando esta ventaja. Sin embargo, hay una clave para descifrar el intrincado acertijo de la apuesta de Chávez.

En la mencionada alocución, interpretando entre líneas sus palabras de despedida, el comandante se refirió a lo que le podría ocurrir. Ante una posible “inhabilitación” suya el camino se despejaría y se activaría el proceso constitucional establecido. Es decir, se realizarían elecciones dentro de los 30 días siguientes consecutivos, pero con su presencia, así sea disminuida, que le daría un impulso importante a la campaña. Además nadie se atrevería a contradecirlo estando todavía vigente en la escena política. Algo parecido pasó cuando Raúl Castro sucedió Fidel.

Entre las faltas absolutas del Presidente señaladas en la carta magna está la de la declaración de incapacidad física o mental. Ello significa, en la práctica, que en cualquier momento la Asamblea Nacional podría seguir esa ruta y se realizarían nuevos comicios en el plazo señalado. De fuentes confiables se desprende que ya la cúpula chavista estaría preparando la contingencia (controlan el CNE y todas las instituciones) con un Nicolás Maduro ungido como delfín. Mientras que a la MUD la podría agarrar la gripe sin pañuelo, como acertadamente lo ha señalado Ramón Guillermo Aveledo, al no tener definido el método para escoger al abanderado presidencial.

En lo personal creo que éste debería ser Henrique Capriles, por razones más que obvias. Ya tiene un liderazgo nacional bien ganado (a punta de carisma, trabajo y esfuerzo) en el pueblo venezolano que, difícilmente, pueda ser igualado o superado por cualquier otro dirigente nacional de los que compitieron en las primarías. Además, a la hora de cualquier decisión, jugaría a su favor la clara ventaja y legitimación que obtuvo.

No obstante, hay sectores y partidos de la oposición que no están de acuerdo. Pero, la verdad, meterse a aprendices de brujos a estas alturas no sería lo más conveniente. Los lapsos cuentan, y mucho. Acariciar una aventura diferente sería algo así como buscar la cuadratura del círculo. Claro, todo lo planteado está inmerso en el minado campo de las especulaciones. Estamos a merced de circunstancias que, aunque lucen impredecibles, cada vez aparecen más despejadas. El chavismo lo sabe, de allí las conversaciones con algunas organizaciones opositoras… Nos volvemos a ver, si Dios quiere, el venidero 11 de enero de 2013.