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Esteban Oria

El 8-D no trae sorpresas

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Recientemente una encuestadora nacional me entrevistó sobre  escenarios posibles del 8-D. Me referí  a la muy probable posibilidad de que el partido de gobierno tenga malos resultados principalmente en las ciudades de alta densidad poblacional, pero que mantendrían las alcaldías pequeñas, rurales, o en sitios remotos debido a que son más susceptibles al control de las maquinarias. Lo que infiero es que el llamado oficialismo, de no ocurrir un terremoto electoral, podría mantener mayoría en números de alcaldías, sin embargo la oposición ganaría en números de electores. Algunos analistas del gobierno han considerado públicamente la alta probabilidad de que esto ocurra, entendiéndose que lo mejor es preparase para todos los escenarios. El papel de la abstención y el papel del voto duro van a ser cruciales, fundamentalmente porque ambas variables han afectado en el pasado electoral.

El caso del voto duro es muy relevante. Recientemente la encuestadora IVAD señaló que ante el cuestionario sobre la percepción país que tienen los venezolanos,  67%  tiene una visión pesimista del futuro del país, 20 puntos más que durante la elección de abril. La aprobación de Nicolás Maduro, sin embargo, apenas ha caído algunos puntos a entre 45% y 50% según encuestadoras locales; estos datos pudieran ser peores, a no ser por la vigencia de lealtades que manifiestan sectores del chavismo hacia las estructuras que dejó Chávez, eso incluye al gobierno. De acuerdo con estos número, la lectura que podemos hacer es la poca probabilidad que haya migraciones de voto en sectores consolidados o comprometidos.

No obstante, el voto duro siempre juega al espejismo electoral. El ejemplo más reciente fueron las elecciones de abril con encuestas que daban a Maduro  hasta 20 puntos de ventajas sobre Capriles; luego las explicaciones no fueron suficientes, lo cierto es que la reducción de la brecha electoral dejó al descubierto un fenómeno presente durante los últimos procesos electorales, el paulatino pero incesante desgaste del gobierno, que se haya evidenciado en abril no quiere decir que diciembre sea la excepción.

La abstención es una variable que siempre se pronuncia con mayor intensidad en elecciones regionales y de alcaldías. Si se considera que el voto duro es mucho más grande en el bloque oficialista, en teoría la abstención los beneficia en mayor medida. Aunque el peso de la campaña electoral todavía no se siente salvo los espacios de las redes sociales, y no hay modo de medir qué está pasando con los electores. No parece haber razones para sospechar que la curva de abstención vaya a crecer, incluso hay analistas que opinan que curiosamente podría disminuir en sectores focales. Yo presumo que esto puede suceder en zonas urbanas y en particular áreas con segmentación de mercado C y D que son proclives a un voto rechazo o castigo. Por cierto, la estrategia que usa la oposición.

Sospecho que el impacto del voto castigo va a ser evidente en el acto electoral, sin duda beneficiará a la oposición conocida y hará impacto muy especialmente en las grandes ciudades, lo que no es muy difícil de saber ya que el mismo CNE las tiene publicadas con los datos de las últimas elecciones. Son los casos donde electoralmente perdió el bloque oficialista en las recientes elecciones de abril, por ejemplo Valencia, Maracay, Puerto La Cruz, El Tigre, Los Teques, muy probablemente Barquisimeto. Si esta es la tendencia nacional, en las ciudades opositoras deberían estar aún más consolidadas con el voto opositor.

Sobre el debate de quiénes deben recoger la cosecha del triunfo entiendo que debemos aspirar a más que un análisis minimalista. Se dice que los venezolanos tenemos un pensamiento excesivamente estructurado y poco lateral y que no vemos lo obvio. Lo significativo es que el 8-D habrá ganadores y perdedores, y que la naturaleza estará haciendo su parte con el envejecimiento del gobierno. Ojalá sepamos ganar y perder, se dé un espacio para la reflexión y el entendimiento y no surjan los miedos y las emociones.